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"El amor es algo muy resistente, se necesitan dos personas para acabar con él" José Luis Alvite

166. Memoria del viejo Hospital Real de Santiago

Agradezco el intento, pero prefiero que no me contestéis en plan “yo también me canso mucho” cuando me preguntáis cómo estoy y respondo que muy cansado. De verdad, gracias, pero no tiene nada que ver lo que puedo sentir yo, con los chutazos químicos a los que estoy sometido y año y medio instalado en las filas de la oncología médica, con las sensaciones que experimentan los sanos. Ya ni cito las 30 sesiones de radioterapia de fotones que me abrasaron lo sesos. Nada que ver es nada que ver. Claro que vivir nos agota a todos, que el tiempo no ayuda… pero no es lo mismo, ni siquiera parecido.

Como son muchos los que creen que tengo mejor cara cuando pongo tierra por medio y me hago alguna escapada, acabo de cerrar la próxima, con Catalunya, cómo no, como destino. Me voy animado por el resultado de la última resonancia magnética y con la maleta tan llena de pastillas que mi difunta abuela Pura a mi lado era una aficionada, ella que viajaba con la farmacia puesta.

Me estoy reconciliando con la Seguridad Social, que ha empezado a pagarme en tiempo y forma. Protestar funciona. Lo que no funciona es tragar, quedarse calladito, acatar… No va la mansedumbre en mi naturaleza.

El día 31, con su nueva andanada intravenosa, está a la vuelta de la esquina. Asumo que cambiaré unos días el Atlántico por el Mediterráneo facturando no pocos efectos secundarios, pero prefiero eso a quedarme en casa doliéndome y mirando cómo la prórroga se me pasa por delante de las narices sin apenas disfrutarla. Me voy a darle un poco a la música, que me hace bien, pero antes enlazo uno de los reportajes de la serie Compostela Vintage que publiqué en La Voz de Galicia y que viene muy a cuento, ahora que TVG estrena Hospital Real, de Ficción Producciones. El 1 de julio del 2013, a bordo de la Vespa del tiempo, recreé así el desalojo del viejo centro sanitario para ser transformado en el Hostal de los Reyes Católicos que conocemos hoy. Por eso lo escogí para presentar El mejor peor momento de mi vida en septiembre del año pasado. Salud.

Desahucio en el Hospital Real

(La Voz e Galicia, 1 de julio de 2013)

Nacho Mirás. Santiago

Lunes, 31 de agosto de 1953. Llevan semanas trasladando a todo el mundo al nuevo hospital de Galeras. Es el no va más, dicen. Me he ido escaqueando, pero el doctor Puente Domínguez, hijo del doctor Puente Castro, me dio ayer un ultimátum: «Amigo, hay que irse, que aquí ya no pintamos nada». Es buena gente don José Luis.

El edificio tiene eco. Se han llevado los muebles, las camas, a los enfermos… Quedamos el gato y yo. «¡Mueva eso con cuidado y cárguelo en el camión de la Diputación, merluzo!». Mientras el decano de Medicina, Pedro Pena, manda y ordena, me voy a dar una última vuelta. Franco ha decidido que esto va a ser un hotelazo, el mejor de Europa, y ese no se anda con chiquitas.

Encima de una caja de vendas hay un ejemplar de La Noche de anteayer. «Para el año santo tendremos el mejor parador de Europa», dice en portada. Leo que unos 2.000 obreros, «en ocho meses de trabajo intensivo» convertirán el Hospital Real en la Hospedería del Peregrino. ¿Hospedería? No lo veo. ¿No sería mejor algo más potente, como Hostal de los Reyes Católicos? ¡No la cague en el nombre, generalísimo!

Me pierdo por el edificio, que aún huele a cataplasma y a cloroformo. Un morbo insano me hace ir primero a la morgue, donde todas las plazas están vacantes. Tendría su gracia hacer aquí un restaurante y llamarlo Restaurante dos Reis. Me parto.

Me puede la sangre. No me pregunten cómo, acabo en la sala de autopsias. ¡La de gente que ha entrado aquí de una pieza y ha salido desmontada! Qué ideas se me ocurren: estaba pensando en abrir en este sitio otro restaurante y llamarlo, por ejemplo… Restaurante Enxebre; soy un adelantado a mi tiempo. Mejor vuelvo con los vivos, que tengo palpitaciones. Me planto en el vestíbulo. A la izquierda esta la enfermería de San José, pero hasta el siglo XIX esto era la peregrinería de hombres. Aquí siempre han convivido muy bien la sanidad, la beneficencia y la peregrinación. Voy hacia el refectorio de peregrinos. ¿Y si pusieran ahí una cafetería con sus camareros con chaquetilla? Valeeee, solo era una sugerencia.

Detrás del refectorio ya han desmantelado la cocina de los peregrinos. Apuesto a que con la reforma se cargan la lareira. Y ya no hay nada tampoco ni en la botica ni en la rebotica. Qué bien le quedaría llamar a esta zona Salón San Marcos y darle glamur. Lástima de huerta, con sus casi doscientas plantas medicinales: saúco, malvas, artemisas, adormideras…

Estoy pensando que allá, en la enfermería de Santa Ana, pondría un comedor potente. Ya está: El Salón Real. ¡Viva el Rey! (si me oyen, me destierran a Fuerteventura). Evito pasar por lo que fue hasta 1846 la inclusa, conectada a la plaza de España por una pequeña puerta. Me perturba pensar en la cantidad de madres que han dejado ahí una parte de sus vidas y de sus entrañas. Podrían poner una sala de lectura, por ejemplo, para meditar. En el paritorio, subiendo las escaleras de Belén, ya no llora nadie. Me ha dicho Puente que el último niño nació hace unos meses. Yo ahí dividiría y haría habitaciones. Hay dos inscripciones que me dan repelús: El Observatorio de Agonizados y el Depósito de Sanguijuelas. La acústica del observatorio es increíble. Si un día lo descubre Andrés Segovia seguro que querrá venir aquí a tocar la guitarra. Tengo la corazonada de que mis propuestas serán oídas.

-¿Todavía por ahí, hombre de Dios? ¡Hay que irse!

-Estaba buscando la salida y me he liado, don José Luis. Que pase un buen día. Y perdone.

José Peña Guitián: “Había mucha prisa por construir el parador”

Los niños fueron los primeros en ser trasladados desde el Hospital Real al nuevo de la rúa Galeras, entonces conocido como Residencia de la Seguridad Social, sostiene José Peña, quien ya ejercía como pediatra del centro: «Recuerdo que fue en verano. Vino un camión de la Diputación, que transportaba todo, e hice mucha amistad con el chófer. Fuimos incluso juntos algún día festivo a la playa, porque estábamos en la misma pensión. Había mucha prisa para construir el parador: la obra del Hostal se hizo con 3 turnos de trabajo, las 24 horas, para acelerarla y que estuviese dispuesto en el Año Santo para acoger peregrinos», afirma. Peña había acabado Medicina en 1950. Entonces no había especialidades como ahora. La carrera duraba siete años y finalizaba con un curso rotatorio con prácticas en varios departamentos. «Estaba el catedrático Suárez Perdiguero al frente de la pediatría y acordamos que yo siguiese con él», afirma. Peña elaboró un trabajo sobre aquella etapa, presentado en el último congreso de la Sociedad Española de Pediatría y editado este mes por la entidad científica. Este texto memora la transformación que experimentó la asistencia pediátrica en los últimos años del Hospital Real, donde los pacientes procedían del llamado padrón de beneficencia, la Diputación pagaba su alimentación y el Ministerio de Educación su medicación. Suárez Perdiguero logró dinero para cambiar el viejo piso de madera; separó enfermos contagiosos del resto; amplió habitaciones y creó nuevos servicios como el área de radiología pediátrica. De sus colegas de entonces, cita como otro aún vivo «al doctor Gallego».

 

165. Total eclipse of…

Que te digan que la resonancia de control ha salido limpia no te cambia la vida, pero te arregla el día y algunos sucesivos. Eso y que tus hijos te traigan el desayuno a la cama para celebrar que eres su padre, aunque el colchón acabe convertido en un mar de migas. Comprenderéis que los demás temas de la agenda informativa me importen menos.

Con este enemigo cabrón instalado en el cerebro sé que tendré que estar siempre pendiente de que, como ocurre con las canciones de los ochenta, se produzca un revival que me invada de nuevo los pensamientos. Eso es y va a ser así. De momento el invasor no está, pero deberá seguir acorralado para los restos: Que yo gane años, que la investigación avance y que los enanos sigan llevándome el desayuno a la piltra cada 19 de marzo son los puntos de la hoja de ruta. Lo de oler limones se lo dejo a quien lo receta. Como si se los come con monda y todo. Siempre fui de letras pero, en esta tesitura, soy de ciencias puras.

No fue fácil echarse cinco horas del día del padre en el Hospital de Día de Oncohematología del Clínico, casi tres conectado a la fontanería de la Micro Macro que me chuta los químicos por goteo. Después de 24 horas sigo en un estado medianamente aceptable, quitando efectos menores que se corrigen con pastillas. Nunca tendré palabras de agradecimiento suficientes para el personal de ese lugar en que consumo horas. Ilustraré con una imagen el detallazo que tuvieron ayer en Farmacia:

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Lo que sí estoy es cansado. Esta mañana me dejé liar  para buscar por Santiago el mejor lugar desde el que fotografiar el eclipse y, entre filtros y flautas, me eché la caminata de la jornada con mi gran amigo Xoán A. Soler. El resultado lo podéis ver en el álbum digital de La Voz y, de paso, podéis buscar también a Wally. Lo de que la luna tape el sol no volverá a suceder hasta dentro de 26 años, y me parece alargar demasiado la prórroga como para dejar la observación para la siguiente convocatoria. Sigo descansando en familia de este festivo que, por decreto, nos han bailado en el calendario. Que suene el mejor eclipse cantado del que tengo memoria: Bonnie Tyler, Total eclipse of the heart.

164. Recolectando momentos para usar en caso de emergencia

Para la hija de Paquita, @luzsmellado, con todo mi cariño.

Cantar Asturias, patria querida en una piscina de agua caliente, en bañador, bajo una cúpula de hormigón iluminada en colores y en compañía de otros cincuenta bañistas, es una de esas experiencias que mis hijos recordarán que compartieron con sus padres cuando eran pequeños. Más que recomendada la visita al hotel Las Caldas, villa termal, a ocho kilómetros de Oviedo, por su ubicación, por su entorno, por sus comodidades, por la cama con dosel, por el desayuno… incluso por esa habilidad del staff para mezclar en un mismo espectáculo acuático el vals El Danubio Azul, la banda sonora de Superman y el himno oficial de la comunidad vecina. Lo que puede dar de sí un fin de semana bien aprovechado.

Casi he podido olvidarme unos minutos de que la semana pasada me visitaron de nuevo el cerebro a través del Magnetom -la resonancia magnética- del Hospital de Conxo, y que si algo ha florecido o no, la suerte ya está echada. Sabéis que los radiólogos no te informan a pie de máquina así descubran que tienes plantada en la cabeza una coliflor. Por eso la vida familiar intensa y lo de tomar las aguas me ayudan a soportar la espera de noticias del frente, que llegarán en el momento que menos me espere. Os agradezco que no preguntéis, dejadme con mi incertidumbre, que me va en el sueldo.

Cuando era pequeño, la abuela Pilar, la madre de mi madre, desaparecía una vez al año durante una semana. “La abuela va a tomar las aguas”, nos contaban en casa. La viuda de Fole, la señora Pilar “A alta” se iba con su metro ochenta de carrocería al balneario de O Carballiño y venía relajadísima. Ahora que a los balnearios de toda la vida les llamamos Spas, los efectos siguen siendo los mismos: regarnos nos hace bien.

El jueves volveré a la sala de tratamientos del Hospital de Día de Oncohematología del Clínico de Santiago. A la que cierre los ojos y me deje atravesar en el pecho por una aguja inspirada en el aguijón de una abejapótama de medio kilo, recordaré el fin de semana familiar cantando Asturias, patria querida en paños menores y seguro que me vengo arriba. Mi principal misión ahora que soy pensionista es acumular experiencias y buenos recuerdos de los que podamos echar mano, yo y los míos. Una vez que la burrocracia se ha relajado resulta más fácil organizar la supervivencia; antes era un infierno.

Hoy os recomiendo la lectura de esta crónica sobre una muerte corriente escrita por una compañera nada corriente como es Luz Sánchez-Mellado. Si os conmueve su relato, que os conmoverá a menos que tengáis el corazón de corcho, imaginaos lo que he sentido yo, que me he imaginado a mí mismo en la piel de Paquita, mirando el mundo en contrapicado desde un catre, tantas veces en los últimos meses. La muerte, como la vida, está llena de eufemismos y palabras trampa.

Cuando vi volar por primera vez a Superman en el cine Fraga de Vigo, yo tenía la edad que tiene ahora mi hija. Y sigo tarareando el tantachán, tatatachááááán de la partitura de Williams cada vez que tengo que echar mano de los súper poderes para seguir tirando. Hasta voy a las sesiones de quimioterapia con una camiseta oficial con la S en el pecho; cualquier día llevaré la capa, aun a riesgo de que me confundan con un tuno. Vaya la banda sonora por todas las Paquitas y los Paquitos “que nos aferramos a los barrotes de la cama como si nos agarrásemos a la vida que se nos escapa”.

163. Sobrevivir no es suficiente

Regreso después de un silencio que solo tiene que ver con la coincidencia en el tiempo entre el cansancio acumulado y un viaje a Pamplona, vía Madrid, para participar en el Congreso de Oncología para Estudiantes (COE XI) organizado por la Universidad de Navarra. Vuelvo feliz de comprobar que el futuro de la oncología médica y la supervivencia de tipos como yo está en manos de gente que desborda ilusión, que tiene los medios, las ganas y la formación. Cada año que la medicina me mantiene vivo, mis hijos ganan un padre y la ciencia explora caminos nuevos para manatenerme en el más acá. 

En Pamplona animé a los oncólogos del futuro a que no dejen de emocionarse con los pacientes, con la profesión. Si a uno no le pone lo que hace, tanto da la medicina como la pintura al gotelé, entonces es mejor dejarlo. Hoy, que sigo predicando en el ámbito universitario, ya compostelano, intentaré trasladar un mensaje semejante a los investigadores del Ciqus.

En esta nueva vida de pensionista y telepredicador de la oncología me ayuda acercarme a la gente más joven, a la ilusión que transmiten, incluso a pesar de los agoreros que, desde las tarimas académicas, les pintan de negro el futuro. Cuánta motivación hace falta en la docencia universitaria. 

Concluyo este breve telegrama, esta prueba de vida, con otra de esas canciones que se me ajustan como un guante. Maestro Rosendo, recoja esa poesía vital de Tony Urbano, que cayó en el frente el año pasado víctima de “una larga enfermedad”. El escenario es suyo. “No sé si estoy en lo cierto; lo cierto es que estoy aquí. Por menos otros se han muerto… Maneras de vivir”. No sé vosotros, pero yo no me conformo con sobrevivir.

http://youtu.be/2ZK5zNkFgXc

162. Los apuros de un pregonero afónico. Viva Arzúa.

Murphy, que es ese hijo de puta que se encarga de que todo lo que puede salir mal, salga mal, se aprovechó de que soy un inmunodeprimido por obra y gracia de la quimioterapia y me castigó desde primera hora de la mañana de este sábado con una afonía tal que Pepe Isbert a mi lado era Gracita Morales. ¿Afónico? ¿Justo hoy que soy el pregonero de la Festa do Queixo de Arzúa? ¿Dónde se ha visto un pregonero afónico? Así que procurando no utilizar más de lo necesario mi voz de gallo Claudio en la intendencia doméstica, susurrando, empecé a pensar un plan B para salir del paso. Me llevé de la farmacia todos los remedios posibles, me metí lingotazos de miel… hasta pensé en darle al huevo crudo como el lobo del cuento. Para nada. Según se iba acercando la hora me parecía cada vez más a Lindo Pulgoso y menos al fulano que era ayer por la noche. “Solo me falta -iba rumiando yo solo- que ahora haga su entrada en escena el Irinotecagas -ese químico anticancerígeno que se manifiesta dándome la vuelta a las tripas cuando menos te lo esperas- y entonces los de Arzúa van a recordar toda la vida al pregonero de la edición número 40 de su fiesta”. Tranquilos, no llegó la sangre al Iso.

Yo creo que fue el calor humano que me encontré en Arzúa lo que me ayudó a leer hasta el final un pregón que escribí de corazón. Aquí, un buen resumen. Mi hija me confesó después que a ella y a su amigo Lucas les daba la risa, pero no por el contenido, sino por la forma en la que mi voz pasaba de repente de canario flauta a mugido. El mensaje llegó a pesar del medio, y de eso se trataba. Gracias, Arzúa. Si me acompaña el chasis, el domingo vuelvo para escuchar a mi querido Kepa Junkera, a Treixadura y a lo que me echen.

Ahora que ya estamos metidos en la noche, voy y recupero la voz. Estoy por subirme a un banco de la calle y leer el pregón a los peregrinos que pasen, que siempre hay algún coreano deseoso de retratar a un friki typical spanish. Pero casi me voy a quedar en casa, que la noche lo mismo me confunde.

Voy a ir terminando, que para la próxima entrada tendría que resumir mi reciente aterrizaje en el inexplorado mundo del pensionismo. Sí, amigos, desde la Administración han resuelto, aunque de momento no ha llegado el cartero de la Vespa con la documentación que me anunciaron con un revolucionario SMS (están que lo tiran). Como el indio aquel con el que hacían coñas Les Luthiers, ya soy el Inca, el Inca-Paz. Todas las incapacidades son revisables pero, de momento, si alguien me pregunta: “¿Ocupación?” tendré que responder: “¡Pensionista!” Tengo sentimientos contradictorios que ya explicaré. Debería enterarme de si me puedo beneficiar de los viajes a Benidorm del Imserso, que allí hace sol y los pajaritos de María Jesús y su acordeón siguen sacudiendo las alas. Y si hay que remover la colita, todo será ponerse.

El miércoles me quimican por la mañana y me voy a un congreso por la tarde, concretamente al Congreso Internacional de Oncología para Estudiantes (COE XI). No me canso de decirlo: si puedo servir de ayuda, estoy dispuesto, que pacientes y médicos todavía tenemos que acercarnos más. Agradezco muchísimo esta invitación y confío en que la semana que viene no me salga ante los estudiantes la voz de Bob Esponja, de Darth Vader, de Mariano Rajoy… puedo ser poseído por cualquier ente animado, que está claro que a Murphy le pongo. Para que os quitéis el escozor que os pueda haber causado del vídeo de arriba, os doy las buenas noches con uno de esos clásicos del subidón. Simple Minds, Don’t You (forget about me). Dale, Kerr. Saludos pensionistas con mi voz de siempre. Visitad Arzúa; vale la pena.

161. El cuerpo las hace y las paga; el INSS solo incordia. 20 de febrero 2015

Qué poco dura el alto el fuego en el frente oncológico. Salí de la sesión química de ayer hacia las dos de la tarde, después de seis horas largas entre esperas, papeles, chutes, consultas y ya, por fin, tratamiento. Se me acumularon las visitas en las sala de cortinas del Hospital de Día de Oncohematología y casi tengo que hacer un “¡Si me queréis irse!” ante el riesgo de que la enfermera -no sin razón- nos desalojase por la fuerza de las armas. No hacíamos jaleo, palabara, pero son las normas.

Salí bien, digo, con nuevos medicamentos en la receta electrónica que ya veremos cómo resultan. Esto de la farmacia va así: para la noche te dan las pastillas de dormir; para las mañana, las de despertar; las de contener la tripa, las de soltarla… tensión on, tensión off… y así hasta el infinito.

No sé si por la medicación, por capricho o por hambre, abandoné el hospital con antojo de churrasco, así que allá nos fuimos, al Fuentes de Conxo, mi querido hermano putativo Javier y yo, dispuestos a levantar un cadáver. Sin abusar y sin salsas, comimos, charlamos y salimos con las barrigas contentas. Nunca fui de grandes ingestas, pero ahora menos.

Mi organismo, qué cabrón, esperó hasta la noche, esta que acaba de terminar, para vengarse. La cefalea de la que vengo de resucitar, y que estuvo presente durante horas a pesar de las contramedidas pautadas, concluyó a las cinco de la madrugada, cuando lo que entró por Conxo salió por San Lázaro sin apenas digerir. Menos la bandeja, estaba casi todo. En serio, no abusé. Me apetecía churrasco y un tipo en mi situación debería tener derecho a darse algún homenaje. Lo de “mañana será otro día” no es siempre literal. He estado malísimo hasta hace un rato. Gracias que tengo en casa a la mejor experta en masaje capilar que se pueda tener, y mi cabeza pocas cosas agradece más; soy un yonki de la digitopuntura.

Pronto os contaré cómo se las gasta el Instituto Nacional de la Seguridad Social, que para resolver mi situación me ha enviado, vía cartero en Vespa y previo aviso por SMS, un cuestionario lleno de preguntas cuya repuesta ya conocen sus funcionarios. Y con la amenaza de que si no lo entrego en diez días, me encuentre como me encuentre, allá yo. Si digo acojonante me quedo corto. Me hará falta una carretilla para transportar todo lo que me exigen. Tienen las santas narices de preguntarme, después de relatar en base a mi historial clínico la gravedad del proceso que me acompaña, que “cómo afecta eso al desarrollo de mi labor profesional”. Ellos mismos solicitan mi incapacidad permanente, parecen conscientes de lo que hay para, a continuación, sin salirse del protocolo, someterme al interrogatorio más denigrante al que un enfermo oncológico se pueda enfrentar.  Ya entraré en detalles. Me piden hasta el número de cuenta en la que ya me han pagado, pruebas documentales de que tengo hijos, de que tengo padres, que cuánto gana mi mujer… la de Dios. Para mear y no echar gota, os lo juro. Anda que como me entre la vomitona el día que les lleve todo salimos en el Telediario. Señores del INSS: ¡Un poco de sensibilidad, hostia! Salgan de su escafandra, que mañana les tocará a ustedes, a sus hijos, a la gente que quieren. “O que non as teña, que as agarde” (Pilar Campos Quintela, mi abuela).

Sigo pendiente de las noticias que me puedan llegar de Vigo, que ya adelanté en la entrada 160 que las desgracias nunca vienen solas. Todo apunta a que va a ir bien, seguro que sí.

Como en los programas de radio en los que se dedicaban canciones, quiero dedicar este post a la madre que me parió. Y ahora es cuando saco las maracas y pincho una de aquellas de Machín que, de tanto bailar agarrado Toñita Fole y Pepe Mirás en célebres salas viguesas como La Palmera, La Cruz Blanca o Las Cabañas, dieron como resultado del roce el cariño y tres hijos de los que yo soy el del medio. Ya pasó, mamá, ya pasó.

160. La dura vida del superhéroe. 16 de febrero, carnaval

Algún día, mi hijo le echará en cara a su madre que se le viese el cuello de la camisa de cuadros por debajo del traje de Spiderman. Vale que hace frío, que estamos en invierno y hay que prevenir, pero al ver a mini yo con su disfraz de hombre araña, el cuello de la camisa de cuadros verdes por fuera y un plátano en la mano que le obligaba, para merendar, a descubrir su verdadero rostro, me he acordado de aquella frase grandiosa del maestro Alvite: “Las mujeres, cuando tienen frío, te abrigan a ti”. Allí estaba el enano, preparado para escalar los muros de la Cidade da Cultura de Galicia y salvar a la humanidad, sometido a la voluntad de su santa madre. ¡Tratad de mantener la dignidad en semejante tesitura! Da igual que seas un superhéroe de Marvel: tu madre te abrigará siempre y si es hora de merendar que se esperen los villanos ¿o estás tonto? Cuando lo he visto con la camisa, el plátano y la máscara calada en la cabeza como la boina de Paco Martínez Soria, le he perdido el respeto como superhéroe. Ha sido inmediato. Igual que aquella vez que contemplé en el vestuario de la piscina, en pelota picada, a un célebre magistrado y a un ex-alcalde. Cómo nos igualan los vestuarios y los gestos mundanos, amigos.

Me está yendo mejor la fase física de esta última andanada química que la moral. Yo puedo desnudar los detalles de mi enfermedad cuándo y de la manera que me parezca, pero no los de los demás. Lo dejo en que esta vez le ha tocado a alguien cercano y empiezo a pensar si no habrá por ahí circulando algunos muñecos de vudú que tengan puestas las caras de mi familia. Ya está pasando la broma de castaño a oscuro y por eso -y alguna otra cosa- tengo el ánimo tocado en la línea de flotación.

Mientras el físico me acompañe tengo pensado seguir protagonizando actos de rebelión contra las normas establecidas. Tanta prohibición y tanta carallada… No sé si haciendo todo lo que me dicen que haga y dejando de hacer todo lo que me dicen que no haga viviré más pero, como al del chiste, “se me va  a hacer largo”. Por eso que a nadie le extrañe verme, como esta tarde, en un festival de rock con los niños; en una playa lloviendo; en un supermercado; haciendo gimnasia en esos aparatos para adultos que han florecido en parques y jardines que, por lo visto, solo uso yo… Estos gestos de insumisión me suben además la moral porque me siento un poco más útil, más válido, más capaz. Tampoco se trata de hacer el indio, pero nadie mejor que uno mismo para saber dónde están los límites. A la que pueda subirme a un avión que aterrice cerca de una playa me doy el piro y no regreso hasta que no se me acabe el dinero.

La ventaja del carnaval es que las cicatrices de las craneotomías no llaman demasiado la atención. Siempre puedo chulearme de lo logrado que está mi disfraz de Frankenstein creneotomizado de A Salgueira. El otro día una chica me reconoció en La Bodeguilla de San Lázaro, local de cabecera donde los haya, y me espetó una frase grandiosa: “¡Tú eres… tú eres… (se quedó pensando)… tú eres ¡ese!”

“Efectivamente, yo soy ese”, le dije sacando del armario mis fondos más pantojianos. Después cruzamos unas palabras más, me explicó que me seguía… esas cosas. No me parece mal que me pregunten si soy ese, estaría bien a estas alturas.

Hoy el pobre Spiderman que duerme en la habitación del fondo no ha tenido su mejor episodio. Además del tema bochornoso de la camisa de cuadros, en casa he tenido que desautorizarlo porque cogió una rabieta nada digna de un niño araña por culpa de unas salchichas. Qué dura es la vida del superhéroe menor de edad, meu rei, sobre todo si solo tienes cuatro años.

Como en el hospital me han retrasado el cuadro tóxico en el tablao químico para el jueves, tengo un día más para hacerme a la idea. Haber descubierto que una cucharada de helado de limón -el de Mercadona, mismo- neutraliza las náuseas es algo impagable que le deberé siempre a Mercedes Fernández, compañera veterana del frente oncológico que, por cierto, cada día está más guapa.

Sigo esperando por la resolución del Instituto Nacional de la Seguridad Social que, haciendo un tremendo alarde de medios técnicos, me ha enviado un SMS diciendo en letras mayúsculas (petardos, el uso de mayúsculas en este mundillo quiere decir que estás gritando). Pues me han gritado: “EL INSS INFORMA QUE  SU RECONOCIMIENTO DE INCAPACIDAD TEMPORAL SE HA RESUELTO CON INICIO DE INCAPACIDAD PERMANENTE. PRÓXIMAMENTE RECIBIRÁ LA NOTIFICACIÓN”. O sea, que gastan un mensaje para avisarme de que un cartero llamará a mi puerta. Y seguro que en ese momento no estaré, o estaré en el váter, me dejarán un aviso en el buzón y tendré que acabar yendo yo a Correos al día siguiente. El futuro es la rehostia, doc, no sé si estoy preparado para semejantes avances.

Me está saliendo un pelo de rata en la zona de la cabeza que me radiaron el año pasado. Lo que Cela llamaba “pelo de hijo de puta”. Para poca salud, ninguna, así que voy a poner a trabajar a la trasquiladora. Spiderman, por cierto, se enfadó muchísimo el otro día y empezó a gritar: “¡De mayor no quiero ser calvo como papá!”. A continuación me preguntó si “luego” y “después” eran palabras con el mismo significado. Si nadie te prepara para educar niños, cómo carallo vas a saber educar superhéroes. Dentro REM, Imitation of life.

159. Más cansado que ayer, ¿menos que mañana?

Pienso que no se puede estar más cansado hasta que llega el día siguiente y me levanto más hecho polvo que el anterior. Hoy es el día siguiente. Lo llaman astenia y, básicamente, se concreta en que me cuesta incluso arrastrar los pies. El cansancio extremo -me han dicho- es una buena señal: eso quiere decir que la quimio te está haciendo efecto. Yo, que soy de natural desconfiado, lo dejo ahí, porque también me escarallaron al máximo las hostilidades químicas del año pasado,  las cuchipandas de Temozolomida, y el tumor resurgió de sus cenizas y volvió a acampar en mi cerebro.

Las tripas siguen en su sitio, pero la sensación de mareo en el estómago es habitual. Hago esfuerzos para comer y, antes de abrir la boca y tragar, primero tengo que imaginarme qué me puede apetecer y cómo me sentará; por norma general, acierto y me voy nutriendo. La cocina asiática, en todas las variantes a mi alcance -básicamente, China y Japón- se ha descubierto como un gran aliado en esta circunstancia, quién lo diría.

Me quedan nueve días para la siguiente dosis de antineoplásicos. Menos mal que ya tengo la descendencia fabricada, porque estoy al día de lo mal que le sientan estas pócimas a la reproducción. Con los hijos hechos, el libro escrito y algunos árboles plantados, debo de ser lo más parecido a un fulano completo. Incluso he subido en globo un par de veces, así que ya no hay mucho dónde rascar.  Yo sigo convencido, no obstante, de que estoy, más o menos, en la mitad de la carrera, por mucho que el cáncer me ponga zanadillas.

Empecé esta entrada escrita en el blog confiado en que me vendría arriba, pero incluso me cuesta mecanografiar. He salido a la calle para ver si espabilaba, pero una ráfaga de viento helado que entraba por Amio me ha obligado a regresar a la base. Necesito sol, calor… ¡Y los necesito ahora, no en julio! Ando sobrado, sin embargo, de calor humano, como el que recibí el viernes en la entrega del VI Premio Derechos Humanos del Ilustre Colegio de Abogados de Santiago. Compartir el momento con mi familia y, especialmente, ver la cara de orgullo de mis hijos han sido motivos de satisfacción máxima, y no anda uno sobrado de satisfacciones máximas en esta segunda tandada de hostilidades químicas. Gracias de corazón a los abogados de Compostela, que me eligieron por unanimidad en estos tiempos en los que una decisión unánime, sea para lo que sea, es una excepción.

En los minutos escasos que he empleado en llegar a esta línea he entrado en calor. Lo peor de estos daños colaterales de la guerra química es no poder hacer la cantidad de cosas que uno quiere hacer porque el cuerpo no te sigue. No mandé mi flota a luchar contra los elementos… Aún así, de verdad que me esfuerzo para torear al invierno y a la astenia con todos los medios a mi alcance.

Ah, por fin he cobrado. Más tarde que el resto de la plantilla y sin que la mutua tenga la deferencia de detallarme los conceptos, pero he cobrado. Si el ingreso es correcto o si se les ha olvidado algo es una cuestión de fe. Sigo esperando noticias del Instituto Nacional de la Seguridad Social, que tiene ahora la misión de resolver mi situación laboral a largo plazo: Incapaz permanente o incapaz absoluto. Lejos de ser sinónimos, que te señalen como permanente o como absoluto marca la diferencia entre morirte de hambre o quedarte económicamente como estabas. Lo único que le falta a un enfermo de cáncer, después de haber cotizado más de veinte años, es tener que pensar además en la solvencia y en el futuro de los que dependen de ti. ¿No es suficiente tener lo que tengo?

Voy a hacer otra intentona y salir al exterior; el riesgo de quedarme dormido al teclado es alto. Pasad una buena semana, que la mía arranca con un poco más de lo mismo. En la entrega del premio sonó el viernes el A Rosalía de Curros Enríquez, que me pone los pelos de punta desde que lo escuché por primera vez. Va la versión de Luis Emilio Batallán.  ¡Ai dos que levan na frente unha estrela, ai dos que levan no bico un cantar! 

158. El cuerpo muy mal, pero una gran…

Parafraseando a Alaska: Tengo el cuerpo muy maaaal… pero una gran ¡vida social! Qué malito he estado de nuevo, amigos. Desde que el miércoles me atacaron químicamente por todos los frentes, las horas siguientes han sido un suplicio. Sigo sin acostumbrarme a que me pinchen en el pecho para llegar hasta el reservorio que llevo implantado, pero lo peor son los efectos secundarios del cóctel intravenoso.

No sé ya si llamarle migraña, cefalea o directamente tortura al dolor de cabeza que se me instala en el lado derecho -el que me aserraron dos veces los neurocirujanos para extraer sendas raciones de sesos bien servidas-, irradia hacia la parte trasera del ojo y me incapacita como ser humano durante horas. El jueves fue un horror, con sus correspondientes episodios de náuseas que neutralizo con las contramedidas recetadas. Y aunque hoy he arrancado mejor -no al cien por cien-, confío en que las hostilidades me permitan acudir con la dignidad que requiere la convocatoria a la entrega, esta tarde a las siete en Aula Noble de Fonseca, del VI Premio Dereitos Humanos que me ha concedido el Ilustre Colegio de Abogados de Santiago.

No he podido negarme tampoco a ser el pregonero de la edición número 40 de la Festa do Queixo de Arzúa, así que si las piernas me sostienen, el 28 de febrero a las 13.00 allí estaré, en la tierra del queso y de Ana Kiro, pregonando para quien quiera escuchar. Me convocan también en marzo al Congreso Internacional de Oncología para Estudiantes organizado por la Universidad de Navarra. Me parece magnífico que los futuros encargados de mantenernos en el más acá quieran escuchar al paciente. ¿Veis cómo encaja lo del cuerpo muy mal pero una gran vida social? No formaba parte de mis planes hacer apostolado de mi enfermedad, pero si puedo servir de ayuda…

Tengo libertad química condicional hasta el 18 de febrero. Y entonces, de nuevo, caña al mono. Me hace bien estar entretenido a mi ritmo. No estoy para horarios ni turnos, pero la casa me come y necesito airearme. Es posible que dé la sensación de estar en todas las pomadas, pero va por todas las que quizás no pueda estar. Reitero mi compromiso con la campaña que lleva a cabo desde Vigo Beatriz Figueroa, que no reclama para ella, sino para todos. Este marco legal español que regula la situación de los enfermos de largo recorrido como nosotros un día se volverá contra quienes, creyéndose inmunes, lo redactaron y contra quienes lo aplican sin contemplaciones, incluso echando mano de amenazas preconstitucionales (orden del 21 de marzo de 1974). Todo muy moderno, oye, muy actual. “Como me ves, te verás, como te ves me vi…” Salgo a que me dé el fresco. Que no pare la música. Nos vemos en Fonseca, en Arzúa, en las rúas de Santiago… por ahí.

157. La humanidad, un bien tan escaso que sorprende.

Si la visita a la unidad de vigilancia médica de la Seguridad Social no ha sido para nada lo traumática que cabría esperar, ha sido gracias a que, como ya he escrito más veces, por encima de un sistema injusto, obsoleto y con todos los defectos que se pueda uno imaginar, están las personas. No voy a dar nombres esta vez, pero agradezco de corazón el trato recibido. La humanidad no abunda en algunos departamentos de la Administración. Aún diría más: es un bien tan escaso que cuando reluce, sorprende.
En los próximos días, una comisión decidirá sobre mi situación laboral para los restos. La economía me preocupa, porque la normativa española te puede dejar en bolas justo cuando más abrigo te hace falta. No es lo mismo cobrar el cien por cien que el 55, lo sabe hasta un niño de primaria. Y nuestro avanzadísimo sistema de protección social te puede dejar con la mitad del sueldo en plena agonía, es así. Confío en poder vaciar lo que me queda de cerebro de preocupaciones monetarias para dedicarme al triatlón químico que tengo por delante. Voy a confiar esta vez en el sistema, que para rectificar tengo tiempo y un teclado protestón con la batería cargada.
El pronóstico médico sigue siendo malo, pero el ánimo lo mantengo amarrado con una cadena. Malo, sí, nunca ha sido de otra manera.
Después está el asunto de los pagos habituales: a 30 de enero, diez de la mañana, estamos igual que ayer, con los haberes pelados. De nuevo voy a ser optimista y confiar en que el tipo de la mutua que tiene la responsabilidad acierte con el botón adecuado en las próximas horas. ¿Ya? ¿Tan difícil es?
Viene mal tiempo para el fin de semana, así que voy a tratar de ponerme la mejor de mis caras, que el día 4 llega enseguida y me espera un torrente de emociones citotóxicas en la sala de tratamientos. Abrigaos, que dan nieve a quinientos metros y lo mismo tenemos que ir de Santiago a Lalín en trineo.

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