162. Los apuros de un pregonero afónico. Viva Arzúa.

por Nacho Mirás Fole

Murphy, que es ese hijo de puta que se encarga de que todo lo que puede salir mal, salga mal, se aprovechó de que soy un inmunodeprimido por obra y gracia de la quimioterapia y me castigó desde primera hora de la mañana de este sábado con una afonía tal que Pepe Isbert a mi lado era Gracita Morales. ¿Afónico? ¿Justo hoy que soy el pregonero de la Festa do Queixo de Arzúa? ¿Dónde se ha visto un pregonero afónico? Así que procurando no utilizar más de lo necesario mi voz de gallo Claudio en la intendencia doméstica, susurrando, empecé a pensar un plan B para salir del paso. Me llevé de la farmacia todos los remedios posibles, me metí lingotazos de miel… hasta pensé en darle al huevo crudo como el lobo del cuento. Para nada. Según se iba acercando la hora me parecía cada vez más a Lindo Pulgoso y menos al fulano que era ayer por la noche. “Solo me falta -iba rumiando yo solo- que ahora haga su entrada en escena el Irinotecagas -ese químico anticancerígeno que se manifiesta dándome la vuelta a las tripas cuando menos te lo esperas- y entonces los de Arzúa van a recordar toda la vida al pregonero de la edición número 40 de su fiesta”. Tranquilos, no llegó la sangre al Iso.

Yo creo que fue el calor humano que me encontré en Arzúa lo que me ayudó a leer hasta el final un pregón que escribí de corazón. Aquí, un buen resumen. Mi hija me confesó después que a ella y a su amigo Lucas les daba la risa, pero no por el contenido, sino por la forma en la que mi voz pasaba de repente de canario flauta a mugido. El mensaje llegó a pesar del medio, y de eso se trataba. Gracias, Arzúa. Si me acompaña el chasis, el domingo vuelvo para escuchar a mi querido Kepa Junkera, a Treixadura y a lo que me echen.

Ahora que ya estamos metidos en la noche, voy y recupero la voz. Estoy por subirme a un banco de la calle y leer el pregón a los peregrinos que pasen, que siempre hay algún coreano deseoso de retratar a un friki typical spanish. Pero casi me voy a quedar en casa, que la noche lo mismo me confunde.

Voy a ir terminando, que para la próxima entrada tendría que resumir mi reciente aterrizaje en el inexplorado mundo del pensionismo. Sí, amigos, desde la Administración han resuelto, aunque de momento no ha llegado el cartero de la Vespa con la documentación que me anunciaron con un revolucionario SMS (están que lo tiran). Como el indio aquel con el que hacían coñas Les Luthiers, ya soy el Inca, el Inca-Paz. Todas las incapacidades son revisables pero, de momento, si alguien me pregunta: “¿Ocupación?” tendré que responder: “¡Pensionista!” Tengo sentimientos contradictorios que ya explicaré. Debería enterarme de si me puedo beneficiar de los viajes a Benidorm del Imserso, que allí hace sol y los pajaritos de María Jesús y su acordeón siguen sacudiendo las alas. Y si hay que remover la colita, todo será ponerse.

El miércoles me quimican por la mañana y me voy a un congreso por la tarde, concretamente al Congreso Internacional de Oncología para Estudiantes (COE XI). No me canso de decirlo: si puedo servir de ayuda, estoy dispuesto, que pacientes y médicos todavía tenemos que acercarnos más. Agradezco muchísimo esta invitación y confío en que la semana que viene no me salga ante los estudiantes la voz de Bob Esponja, de Darth Vader, de Mariano Rajoy… puedo ser poseído por cualquier ente animado, que está claro que a Murphy le pongo. Para que os quitéis el escozor que os pueda haber causado del vídeo de arriba, os doy las buenas noches con uno de esos clásicos del subidón. Simple Minds, Don’t You (forget about me). Dale, Kerr. Saludos pensionistas con mi voz de siempre. Visitad Arzúa; vale la pena.