157. La humanidad, un bien tan escaso que sorprende.

Si la visita a la unidad de vigilancia médica de la Seguridad Social no ha sido para nada lo traumática que cabría esperar, ha sido gracias a que, como ya he escrito más veces, por encima de un sistema injusto, obsoleto y con todos los defectos que se pueda uno imaginar, están las personas. No voy a dar nombres esta vez, pero agradezco de corazón el trato recibido. La humanidad no abunda en algunos departamentos de la Administración. Aún diría más: es un bien tan escaso que cuando reluce, sorprende.
En los próximos días, una comisión decidirá sobre mi situación laboral para los restos. La economía me preocupa, porque la normativa española te puede dejar en bolas justo cuando más abrigo te hace falta. No es lo mismo cobrar el cien por cien que el 55, lo sabe hasta un niño de primaria. Y nuestro avanzadísimo sistema de protección social te puede dejar con la mitad del sueldo en plena agonía, es así. Confío en poder vaciar lo que me queda de cerebro de preocupaciones monetarias para dedicarme al triatlón químico que tengo por delante. Voy a confiar esta vez en el sistema, que para rectificar tengo tiempo y un teclado protestón con la batería cargada.
El pronóstico médico sigue siendo malo, pero el ánimo lo mantengo amarrado con una cadena. Malo, sí, nunca ha sido de otra manera.
Después está el asunto de los pagos habituales: a 30 de enero, diez de la mañana, estamos igual que ayer, con los haberes pelados. De nuevo voy a ser optimista y confiar en que el tipo de la mutua que tiene la responsabilidad acierte con el botón adecuado en las próximas horas. ¿Ya? ¿Tan difícil es?
Viene mal tiempo para el fin de semana, así que voy a tratar de ponerme la mejor de mis caras, que el día 4 llega enseguida y me espera un torrente de emociones citotóxicas en la sala de tratamientos. Abrigaos, que dan nieve a quinientos metros y lo mismo tenemos que ir de Santiago a Lalín en trineo.