rabudopuntocom

"El amor es algo muy resistente, se necesitan dos personas para acabar con él" José Luis Alvite

Mes: diciembre, 2014

137. Semana fantástica

Mi amiga Ohiana Iturbide, que sabe bien de lo que habla, reivindicaba hace un rato su derecho a tener un día de mierda. Yo, desde mi semana fantástica de mierda, de la mierda toda entera, hago lo propio procurando no abrir demasiado la boca para que no se me encharquen los pulmones, pero no por ello sin dejar de desahogar.

Después de un día que no pasa del tres en la escala de la bazofia, escala en la que un 1 sería una puta mierda y diez un asquito ligero, sin más, diré también que la última parte de la jornada se ha ido enderezado gracias a la música. Me he puesto a tocar como un loco con la gaita electrónica sobre este tema de Red Hot Chilli Pipers, que mezclan lo mismo a Queen con Eye of the Tiger o con una de mis piezas favoritas  –The Clumsy Lover-, y me he venido arribísima.  De nuevo, doctores neurocirujanos, se constata que la memoria musical y las conexiones entre los tendones y las neuronas que no han tirado a la palangana del crematorio público donde arden las entrañas operadas de los gallegos, trabajan con la precisión de un acordeón. ¿Tienen algún informe reciente sobre craneotomizados y ejecución musical? Pues tomen nota del mío antes de que me lo exija por triplicado el Instituto Nacional de la Seguridad Social o alguno de sus recaderos bajo amenaza franquista. Lo que no me explico es qué me han hecho con los bajos, doctores, que tengo los caños que da pena verlos, y todo hace falta.

Me voy a la cama, digo, con el espíritu gaiteiro subido. Sigo medicado hasta las orejas y mañana visitaré de buena mañana la churrería atómica del Clínico, más por compromiso que porque me vayan a freír nada nuevo, que bien sé que en esta segunda entrega estoy más en manos de la química que de la física. Cuidado con los santos, que tampoco estamos acertando mucho, carallo.

Pueden estar tranquilos, doctores: después de lo que me han hecho en la cabeza otra vez, esa pupa toda en menos de un año, y  todavía me puedo ganar la vida como concertista para la BBC (bodas, bautizos y comuniones), lo cual no es poca cosa en un país donde la enfermedad y las zancadillas riman en consonante. Dadle al vídeo y haceos una idea de lo que ha sido mi tarde musical, sin faldas, pero a lo loco. Que nadie diga que no tengo un cáncer entretenido. Bueno, tenía uno y ahora tengo dos. Soñad bonito.

136. Prueba de vida

Qué largas se hacen las noches del convaleciente oncológico. Cambiando una camiseta tras otra, sudado, como un triatleta horizontal que no tiene otra meta que seguir de cuerpo presente, reptando sobre la vida.

Va cicatrizando razonablemente bien el área del cráneo por la que entraron por segunda vez los neurocirujanos y salió el tumor, pendiente todavía de resultado histopatológico. Ya sin grapas -que guardo en un sobre muy colocaditas, ya sabéis, para escupírselas en la cara al primer burrócrata que me pida pruebas- el tirón es menor y el descanso mejora.

Pero hay estos días en Mordor de Compostela una humedad prenavideña que se te mete en las carnes y no se va ni con un Kayami de cincuenta litros. Aún así, lo peor es mi calendario de adviento. A mi hijo lo espera el suyo, todas la mañanas, con una chocolatina sorpresa que va descubriendo a la hora del desayuno. Yo, en cambio, abro ventanitas de anticonvulsivos, cortisona, protectores estocamales o calmantes sintéticos con los que me voy cementando los adentros. Y claro, así luego sudo y vierto semejante caldo de cultivo en váteres y lavadoras. A estas alturas tiene que haber ostras mutantes que lleven mi olor y hasta mi lunar al pie de la depuradora de Silvouta.

Tengo los bajos doloridos de la fontanería hospitalaria. Entre el tubo de la anestesia, la sonda, el catéter y otras cañerías estoy cedido por parroquias. Pero eso no es, ni por asomo, lo peor que me espera.

En unos días, hacia el 15 -depende de que haya hueco-, me llamarán de nuevo del Hospital Clínico de Santiago. Operación: instalación de un reservorio venoso subcutáneo, dispositivo a través del cual me trasfundirán la quimioterapia que me tiene que mantener algo más de tiempo en la lista de los vivos. No sé dónde me lo encajarán, pero seguro que no va a ser cómodo. Se acabó aquella quimio oral que se administraba dos horas después de la cena, ¿recordáis? Aquel Santiago e-tapas que iba narrando a las noches. Ahora cambia el asunto y será un tratamiento largo, y cuanto más mejor, porque si se alarga querrá decir que resisto.

Ni rastro de problemas derivados de la intervención quirúrgica, así que por esa parte todo controlado, queridos doctores y salvadores Ángel Prieto y Alfredo García Allut, mis ídolos. Visión periférica OK, memoria OK, mala hostia, ok… Todos los sistema operativos. Tengo la mejor asistencia domiciliaria y estoy en las mejores manos, así que no encuentro más motivo de queja que el del cáncer propiamente dicho, y de eso no es culpable nadie.

Los paseos apoyado en mis bastones de trekking ayudan, pero voy a valorar seriamente en la carta a los reyes magos la posibilidad de añadirle a mi bici algún elemento eléctrico que me eche una mano justo cuando más me falla la tracción. Como el año pasado, pienso ir yo solo cada día a las salas de tratamiento del Clínico, pero no quiero desperdiciar todo aquello que la tecnología pueda propiciarme, incluida una poquita electricidad debajo del culo.

Señores de la lavandería del Clínico, planta tercera: creo que me dejé en un pijama unos auriculares de iPhone y 5 euros. Dónenlos a una buena causa. Después de una duchita y un poco de aire bajaré a la calle, que la hostelería compostelana merece todos mis respetos y hay que mover el mercado.  Lejos de lo que algunos pueden pensar, prefiero salir a comer por ahí que soportar la logística domiciliaria de un almuerzo familiar, que estoy sensible en los olores, los sabores y los ruidos. Hipersensible también, que va en el lote.

Quiero volver a dar las gracias a mis compañeros y amigos, a mi familia, de La Voz de Galicia, que me tiene presente a todas horas y así me consta. Seguiré informando según me vaya apeteciendo. Y mañana que la cortisona baja, hasta igual salgo a celebrarlo.  Me sobra hinchazón. Y un poquito de mala hostia, aunque eso es combustible, más madera para la caldera.

135. Administrándome y muy justito

Sigo muy cansado, pendiente de que el ajuste de la cortisona -que toca hoy- me ayude a resucitar algo. Al menos, la pasada fue la primera noche que experimenté algo parecido al descanso reparador. Ayer hizo justo una semana que me operaron -sí, señores de la burrocracia y las putuas, segunda craneotomía en un año para extirpar la recidiva de un tumor cerebral de grado III-. Ya sé que todo es normal, me conozco las explicaciones… pero que estoy como estoy es un hecho. No entiendo a los que me preguntan cómo estoy por teléfono o mensaje, les digo que no muy bien y te espetan: «¡Es normal, es te acaban de operar!»¡ Ya, pues no preguntes, que la teoría ya la sé! ¿o quieres que te mienta?

Voy a hacer otra intentona en la calle, al aire, a lo loco, que no soy yo flor de estufa.

Supongo que en cuanto me retiren las veintiséis grapas que me cierran el lado derecho del cráneo me sentiré reconfortado. El jueves me las veré en el hospital de día con el dispositivo que se pone en marcha a partir de ahora, cuando todavía no me había dado tiempo ni de recuperarme de un año en la primera línea de la oncología médica. Supongo que para ese momento ya estarán los burrócratas reclamándome más informes y metiéndome dedos en cualquier orificio perforable. Les juro que les mando las grapas en un bote de cristal o se las escupo en la puerta. Creo que aún guardo la sonda con la que me salí del quirófano ¿quieren una muestra?

Gracias de corazón a los que os interesáis, a los que preferís no molestar… a todos los que estáis, que sois muchos más que los que pasan. Necesito ahora aire y espacio, libertad, así que iré informando a ráfagas y según tenga ánimos. Básicamente, quiero dedicarme a hacer solo que me apetece, lo que me dé la gana, que la Navidad parece una cosa tan lejana en mi situación… Benditos iconos que me ayudan a comunicarme.  Para un fulano en mi estado, una frase, unas líneas o un paseo son un esfuerzo sobrehumano. No soy borde y, en todo caso, si lo soy estoy en todo mi derecho, que el cáncer es mío y lo gestiono yo. Trato de administrar mis propias prioridades y ya.

Si podéis elegir, pedid salud, que mucho se echa de menos cuando falta. Solo les pido disculpas a los que me sufren más de lo habitual por razón de sangre y cercanía, pero solo a ellos.

134. Alguien ha hecho su trabajo; ¡he cobrado!

Solo unas líneas rápidas. He cobrado la «Prestación por incapacidad temporal» a primera hora de la mañana. Todo dentro del plazo legal, ya lo dije ayer, pero más tarde que mis compañeros sanos que ingresaron hace unos días. Lo que de verdad me jode es que el sistema español ampare este pago como de favor a la persona más vulnerable y que la mayor parte de las consideraciones que escucho a mi alrededor sean del tipo «es lo que hay»; «no te amargues»; «el sistema funciona así». ¡Que no, que las revoluciones no se hacen sentado en el váter y mirando la vida pasar!

Si alguien la ha dado al botón para hacer efectivo el ingreso a primerita hora es porque he hecho ruido, porque tengo muy mala hostia y porque no me callo ni debajo del agua. Porque tengo alma y no tengo calma. Seguro que hay miles de personas en situación similar que, esta hora, siguen preguntando por su dinero.

Así que no voy a darle las gracias al currito que ha hecho la gestión; le va en el sueldo, amigo. Y recuerdo que el día 15 toca la paga de Navidad y que lo mismo que entierro ahora el filo del hacha de guerra, la saco de nuevo al exterior o enciendo la motosierra. ¿Qué carallo de espíritu de bien mandados es ese que nos posee? ¡Juegan con lo nuestro! Si usted se deja, allá usted, pero conmigo no cuenten. Los de la hipoteca no se andan con hostias para cobrar, y les da lo mismo si me paga una mutua que una empresa que la fundación Amancio Ortega -coño, qué ideaza-.

He pasado una noche horrible, otra más. Me duelen los zurcidos, apenas duermo, veo cómo pasan por el reloj las horas, las medias… Llevo justo una semana craneotomizado por segunda vez y el cuerpo está como está, hinchado de anticonvulsivos y cortisona. Haré lo posible para salir un rato a la calle apoyándome en un bastón e trekking que me ampara en las subidas. Y seguiré de cuerpo presente. Agradezco todo tipo de consejos menos, como ya escribí hasta hartarme hace ahora un año, las recetas de paciencia. La paciencia se receta cuando no queda más alternativa.

Ayer, antes de irme a la cama, colgué en la red una tremenda foto de la cicatriz con 26 grapas metálicas que me cierra la cabeza. Seguro que a alguien le pareció fuera de lugar, obscena, extravagante, pero me da exactamente lo mismo: es mía y la comparto. Internet no es obligatorio. Se la dediqué especialmente a la mutua y al Instituto Nacional de la Seguridad Social, siempre tan espabilado para pedir informes que ya obran en su poder y para tocarte las narices cuando menos falta te hace. Si todo esto que hago -está usted como una puta cabra, amigo, pensarán muchos- le sirve a alguien más para endulzar sus pasos amargos en el caminar torcido de la oncología médica, ya lo doy por bueno. Y si no también, es lo que me ha tocado y lo gestiono yo.

Lo dicho, ni gracias ni historias. A mí no me dan las gracias por hacer mi trabajo, seguro que tampoco demasiado a usted, o menos de lo que deberían. Si me acompaña el pastillamen, que me tiene las entrañas destrozadas, ya iré contando algo más. Quem tem alma não tem calma. Los que tengan alma que me sigan.