138. Qué tragedia tan bonita

Tengo muchas esperanzas puestas en que mañana, a primera hora, una pequeña intervención para drenar el líquido que se me ha acumulado en la parte derecha del cráneo, y que me da un aspecto apaquirrinado que vaya por Dios, me devuelva una parte de mi apariencia primigenia; ahora soy una mezcla de Mister Potato, Kiko Rivera, Calamardo y un pez martillo. Y vale, que tampoco aspiro a miss universo con semejantes pespuntes, pero tiene que haber un término medio entre lo que era y lo que soy.

Qué días malos he pasado, muchachos. Al cansancio, el tratamiento, la operación, la cortisona y demás mierdas que el campo no produce se sumó un virus gástrico que me dio la vuelta a las entrañas. Un protocolo astringente -qué manjar la merlucita del pincho cocida- y la visita a domicilio de mi médico, el doctor Blanco Corbal -que me receta más lecturas que pastillas y da apretones de manos que te cargan el móvil- me han devuelto la dignidad que uno siempre pierde cuando se va por la pata. Perdón por lo escatológico, pero es que las tripas nos igualan. Siempre he encontrado muy reconfortante eso de que caga el rey, caga el papa, de cagar nadie se escapa….

Formaba parte de lo previsible que un inmunodeprimido como yo acabase en manos de los infraseres, como así ha sido. Pero de nuevo les hemos ganado, doc. Que se joda la bichería.

Ayer a estas horas no podía ni pestañear. Así que comprenderéis que contestar whatsapps con el dedo gordo se me presente como una misión imposible a ciertas horas, por eso desaparezco, auque siga de cuerpo presente en el más acá. Pero no olvidéis el dato tranquilizador cuando os asalte la duda: la esquela me entra en el convenio de la empresa, así que por esa parte podéis estar tranquilos. No news, good news.

Agradezco todo el interés y confieso que me ha emocionado especialmente una iniciativa que han puesto en marcha un montón de niños vigueses nacidos en 1971 con los que compartí la Educación General Básica hasta 1985 en el Colegio Público Lope de Vega. La nostalgia y las redes sociales, caldo de cultivo de las kedadas, me han usado en cierto modo de excusa para que nos volvamos a ver después de tanto tiempo. Lo que me emociona es que la iniciativa parte no de los adultos que somos, sino de los niños que fuimos. La vida nos llevó por caminos diferentes, pero seguro que hay una base sólida para que alguien a quien no ves desde hace treinta años quiera subirse a un avión para abrazarte. Bueno, por si te mueres… también. Pero las razones son poderosas.

Desde luego, hay que ver qué tragedias tan bonitas me ocurren. Mañana tenía prevista una firma de libros en El Corte Inglés de Vigo, pero por si acaso no me esperéis levantados. El libro lo venden igual, eh… Mantengo que este es el mejor peor momento de mi vida gracias a esa red con la que amortiguáis mi caída libre a las catacumbas de la existencia misma. Os voy a prometer que las Navidades del 2015 conjugaremos todo esto en pasado, porque con este revival no contaba nadie. Os voy a dedicar una de esas canciones que me levantan la paletilla. Vivo enganchado a Son Galicia Radio, una iniciativa de música folk y/o gallega de la Radio Autonómica Galega que me tiene poseído. Como dice Treixadura: se chove, deixa chover, se orballa deixa orballar. Mañana más.

Se chove – Treixadura from Casa de Tolos on Vimeo.