129. 13-N. Atención, reservistas: llamada a filas.

por Nacho Mirás Fole

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

El herido. Miguel Hernández, El hombre acecha, (1938-39)

Si lo escribió así de bien Hernández, qué voy a aportar yo a mayores cercado únicamente por el miedo a un enemigo invisible e interior que me preparaba una emboscada clínica. Así que hago mías las palabras del poeta, como fulano talado que aún tengo la vida, y suscribo, sobre todo, el verso que dice que “mis ojos y mis manos, como un árbol carnal, generoso y cautivo, doy a los cirujanos”.

Nada me gustaría más en esta entrada 129 que contar un chiste cachondo de Eugenio, arrancando con ese “saben aquel que diu…” que me sale tan creíble. Pero hoy, 13 de noviembre, triste aniversario que los gallegos jamás olvidaremos por cuestiones ultramarinas que no vienen al caso, es también el día de una noticia que siempre temí y que nunca deseé. Agradezco de antemano las toneladas de solidaridad y ánimo que me vais a hacer llegar de inmediato por todos los medios a vuestro alcance, que sé que sois unos gitanos de recursos, aquel ejército calé que movilicé hace casi un año, cuando me llamaron a filas para reconquistar mis entrañas. Y lo hicisteis de puta madre. Hoy renuevo el contrato con aquellos que quieran acompañarme en la segunda parte de esta aventura que ahora arranca. El sueldo es bajo, la comida de pena y la cama dura; avisados estáis, que luego no quiero reclamaciones; la deserción sigue siendo un derecho.

Que Casiano Murphy era un cabrón con pintas ya lo hemos sabido durante todo este tiempo. Pero que tardara tan poco en cobrarse su venganza y renacer cual ave Fénix con boina calada nos viene de nuevas, por eso esta de hoy va a ser esta una entrada que me roza la línea de flotación por lo que tiene de trágica y no de cómica. Absténganse aprensivos, aviso. La realidad se impone y, lo mismo que os la comunico, saco pecho y me expongo al fuego enemigo sin siquiera una camisa puesta que amortigüe el chaparrón de plomo.

No hay noticia médica mala que no vaya acompañada de su correspondiente contrapeso en positivo: Esta vez, la buena nueva -primero me llegó la mala- es que a Casiano, y van dos veces, lo hemos pillado prácticamente en bolas, empezando a montar el poblado. Ha tenido tiempo, sin embargo, de instalar la tienda invasiva 2 seconds en el solar del que lo echamos por la fuerza de las armas aquel lejano 12 de diciembre. El muy hijo de puta se empeña en acampar otra vez, desobediente y sin licencia, en mi lóbulo temporal derecho; de hecho, ya está pernoctando allí. Lo llaman recidiva, los del gremio ya sabéis. Lo ha descubierto la resonancia 3T sin lugar a dudas.

El temor vuelve a mudar una vocal para vestirse de tumor. Seré intervenido de urgencia en los próximos días y me toca anticipar otra vez aquella puta navidad del 2013 cuando ni siquiera han empezado a anunciar todos los turrones. No hay elección. No, no estáis leyendo una entrada vieja del blog, es fresquita de la lonja sanitaria de esta mañana: El tumor ha regresado y con él todo lo que eso supone ya no solo para mí, sino para los que me quieren o me sufren. Vuelve, a casa vuelve, por Navidad.

Conservo el ánimo fuerte y los mejores apoyos, dentro y fuera. Tengo una vida por delante y mucho hecho por detrás, que la rima me va en el apellido. Y como el miedo es libre pero yo ahora no lo soy, precisamente para la libertad… mis ojos y mis manos, como un árbol carnal, generoso y cautivo, doy a los cirujanos; ¡A los neurocirujanos! Doc, tú la llevas.

No recibo duelo y es posible que no cojamos el teléfono ni contestemos de inmediato a los mensajes, pero no me lo toméis a mal, que nos toca hacernos en casa al nuevo escenario, reorganizar a la tropa y airear los barracones. Paciencia. Quiero las camisas bien limpias: A Santa Marta de Lombás, irás… y no volverás.

Que cante Miguel Hernández desde la garganta de Serrat. Hay que ver qué poco duró la alegría en la casa del pobre. Murphy, que te jodan, muchacho, vamos a por ti otra vez, y así las que haga falta; has mordido en hueso, cabrón. Siento de corazón haber contribuido a hacer de esta desapacible tarde de otoño una noche triste de invierno, pero es que llevo el frío dentro y la lluvia por fuera. Gracias por mantener la hoguera encendida.