119. Nos vemos en Madrid

por Nacho Mirás Fole

Un día, el pueblo se levantará contra los precios de las cafeterías de los aeropuertos. Como todavía no aflora el Espartaco de la hostelería popular que llevo dentro, aquí estoy, pagando cuatro euros por un café con leche corriente y una cosita de mojar, tamaño infantil, en la terminal compostelana de Lavacolla, esperando que den las cinco. Un clavo, vaya.

Me encanta llegar a los embarques con mucho tiempo. Observo a la gente, las maniobras de los aviones… Ya de pequeños mis pades nos llevaban los domingos de lluvia a Peinador, el aeropuerto de Vigo, y de paso que hacías el indio a cubierto fantaseabas con los destinos de los pasajeros, sabedor de que tu vuelo de regreso en un Renault 6 color crema tomaría tierra, inevitablemente, en el domicilio familiar de A Salgueira con el comandante Pepe Mirás a los mandos. Mis domingos lluvisosos de la infancia se dividían entre Peinador y Cabo Estai sin salir del coche; todo un ejercicio de convivencia familiar y bocadillos de pan de ayer que, a menudo, acababa a hostias con mi hermano; nada serio.

Ya era mayor de edad cuando me subí por primera vez a un avión. Me desfloraron en el mundo de la aviación comercial con un VGO-BCN de Aviaco, justo en aquel momento en el que el precio de los billetes tomó tierra y los pobres pudimos volar fuera de los sueños o de las drogas; a cambio nos siguen clavando en la cafetería como si el café lo trajera Juan Valdés en bicicleta.

Hoy me voy a Madrid, invitado por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Tropecientos oncólogos y un par de pacientes -lo del par es literal- hablando sobre lo nuestro, que es también lo suyo, que es lo de todos. Mañana participaré en un diálogo abierto al público -hasta completar aforo- en la sala Florencia del hotel NH Eurobuilding. Compartiré mesa y seguro que muchos puntos de vista, a eso de la una, con Javier Granda, compañero blogger y periodista, y con el oncólogo vigués Martín Lázaro. El diálogo se titula “Información en cáncer: redes sociales, twitter, facebook, blogs”. Estaba claro que me podían nominar: le pego al twitter, al facebook, al blog y además, puñeteros… ¡tengo cáncer! Agradezco la invitación, de verdad. Además de la noche de hotel cortesía de la organización -una noche, que está la cosa muy achuchada- el viernes y el sábado asaltaré el sofá de buenos amigos emigrados y viviré Madrid en la medida de mis posibilidades físicas, que tampoco son demasiadas. No me dará tiempo a ver a todos los que merecen ser vistos, pero procuraré repartirme. Voy vacunado contra la gripe y el neumococo, me dejaré sobar.

Sabed que para viajar a Madrid he tenido que comunicar mi desplazamiento a las autoridades sanitarias, que esto del “alta por agotamiento” es un tercer grado sanitario que manda carallo. De momento sigo en tierra de nadie, con la prórroga de la baja aceptada vía SMS por el Instituto Nacional de la Seguridad Social pero sin recibir todavía, por correo ordinario -o mensajero a caballo, o paloma, o diligencia- la notificación oficial. Y digo yo: ya que voy a Madrid podían enviar al del caballo a Barajas y ahorrarse varias noches de posada y los correspondientes repostajes de alfalfa. Es una idea, que no diga Montoro que no miro por España .

El caso es que antes de venirme al aeropuerto me pasé por el ambulatorio -me niego a utilizar centro de salud, con la potencia que tiene la palabra ambulatorio- y puse al corriente de mi viaje a mi médico de familia. “Con la prórroga aprobada por el INSS, yo ya no pinto nada, pero tomo nota”, me respondió muy amable. Que vean que soy, como decimos en Galicia, “guiadiño” -bien mandado-.

Con la megafonía del aeropuerto internacional de Lavacolla sobre mi cabeza agaujereada, me asalta una duda: ¿Por qué carallo Ryanair se pronuncia “raianeeer” en inglés y castellano y “rianer”, así, a la brava, en gallego? ¡Castromil se dice igual en todos los idiomas!

Pues que me voy a la villa y corte hasta el domingo. Sed felices y aprovechad para amaros los unos sobre los otros, que enseguida me tenéis de vuelta dando la tabarra. Voy a repetir banda sonora, “Carteiro em bicicleta”, de mi querido Joao Afonso, dedicado a todos esos funcionarios de la Seguridad Social que siguen transmitiendo buenas y malas nuevas a través de sistemas rudimentarios con la humanidad a punto de acampar en Marte.