117. Más inmune que ayer

por Nacho Mirás Fole

Resulta que hoy soy más inmune que ayer, pero menos que mañana, recién vacunado como estoy contra la gripe y el neumococo, enemigos íntimos que no dudarían en hacer una escabechina en un inmunodeprimido calvo como yo si se les presentase la ocasión. De ahí la prisa por resolver, que unos mocos contagiados pueden dar con mis huesos en urgencias.

La de la gripe me la metieron por el flanco izquierdo y la del neumococo por el derecho, así que me imagino mis adentros como una rotonda en la que confluyen virus castrados y mansitos que no se ponen de acuerdo en quién carallo tiene la preferencia. Ahora ya solo queda que me repitan la resonancia magnética 3T que salió rana -por sobrecalentamiento del aparato- y que el tribunal del santo oficio sanitario resuelva si mi “alta por agotamiento” deriva en prórroga de seis meses o en “incorpórse usted al mundo productivo, majadero, que ya está bien de gastar”. No he vuelto a saber nada ni de unos ni de otros. ¡Piticlín, piticlín! ¿Hay alguien en casa, McFly???

Es posible que las vacunas me provoquen febrícula, nada que no resuelva un lingotazo de paracetamol. Pero están los ánimos sanitarios tan alterados que si me da la fiebre la semana que viene en el avión, rumbo al congreso de la Sociedad Española de Oncología Médica en Madrid, lo mismo me aislan:
-Cuidado con “ejte”, que tiene febrícula.
-¿Viene de África?
-De Galicia, pero para el caso…
-Fórramelo de film de cocina, que con los gallegos nunca se sabe si la fiebre les sube o les baja.

“Ejque” está el gallinero de la salud pública alborotado de carallo, hay que entenderlo; toda precaución es poca.

Bromas aparte, hay que ver qué chute de energía traigo de A Coruña, donde ayer presenté, con la impagable colaboración de mi compañero y amigo Luis Pousa, El Mejor Peor Momento de mi Vida. Volvimos a llenar, y van cinco veces. Siempre que hago recuento me acuerdo del abuelo de Gila, ese al que enterraron tres veces porque tenía tantos amigos que el público reclamaba: “¡Otra, otra, otra!”. Luis dijo que lo que a él le gustaría en realidad es presentar mi primera novela erótica, pero la vida no nos dejó elegir el argumento. Amigo Pousa, non me toques naquela cousa… Estarás conmigo en que algo de erotismo también hay en esos camisones con lacito que te dejan el culo al aire en el hospital, en ese catálogo Victoria’s Secret de la Seguridad Social.

Continúo la gira otoño 2014 mañana sábado en “O Morraso”. Primero, como invitado al MexilOnseTuits, festival social media de Galicia que llega a su tercera edición en el auditorio de Cangas. Y a las ocho me dejaré caer por el Centro Social do Mar de Bueu con mi hijo de papel debajo del brazo, una iniciativa que es fruto de la inquietud del librero y ya amigo Fernando Miranda. Dice el pronóstico meteorológico que el fin de semana viene bueno, así que O Morraso es el plan perfecto. Y como llevo las vacunas de serie, viajo mucho más tranquilo. Se vou a Bueu nun bou, vou; e se non vou nun bou… tamén vou.

El acto de ayer en A Coruña lo organizó el librero Manuel Arenas, otro de esos tipos que responde perfectamente a mi frase de cabecera de Fernando Pessoa: “Quem tem alma não tem calma”. Fundador y presidente de la Asociación de Amigos del Museo Histórico Militar de A Coruña, con Arenas compartí hace tres años, cuando estaba sano y en orden de marcha, una recreación del desembarco de Normandía. Y hoy la recupero porque en el monte coruñés de San Pedro, convertido en Omaha Beach, conseguimos derrotar al invasor nazi en una batalla salvaje como la que ahora mismo se libra, a nivel celular, en mis sótanos. Ya rescaté la crónica para el blog en junio, pero me apetece ponerme el casco de nuevo y empotrarme en la piel del reportero de guerra Ernest Pyle para la liberación de Europa. Y se lo quiero dedicar especialmente a Elena López, que es público fiel y agradecido. Y para Belén, su hija, y Estela, almas ambas del Tosta e Tostiña de Santiago, donde ha instalado mi cuartel general. Por cierto que todavía no sé quién es Tosta y quién Tostiña. En semejante base de operaciones y con semejante intendencia, en cualquier caso, la guerra está ganada. Ahí va. Recomiendo pinchar primero aquí, en la banda sonora, y después leer el relato con la banda sonora de fondo, que pone mucho más.

https://m.youtube.com/watch?v=g43Q0KuLAm0

Normandía, día D, Hora H
La Voz de Galicia, 8 de agosto de 2011

Nacho Mirás
Pocos podemos presumir de haber ido al desembarco de Normandía en autobús. Y si no se lo cuento, reviento. Día D. Por una extraña circunstancia espacio temporal que no tengo tiempo de contarles, y gracias a la mediación de la asociación The Royal Green Jackets de A Coruña, me convierto en el reportero de guerra Ernest Pyle (Dana, Estados Unidos, 1900) y me empotro en la fuerza internacional que tiene como misión, un domingo, a la hora de la merienda, liberar Europa del yugo nazi.

«No nos disfrazamos, nos caracterizamos, somos recreadores», dice Antonio Osende, lugarteniente de Manuel Arenas en el mando de los Royal Green Jackets. Así que, debidamente compaginado, soy Ernest Pyle de pies a cabeza. Llevo al cuello mi cámara Argus made in USA de 1939. Uniforme de infantería. Casco. Botas. No pienso morir en esta guerra, solo contarla, pero pongo, como los demás, mi vida en las manos infinitas de Dios. Soy un reportero de guerra, un empotrado.

Seis de junio de 1944. Hoy va a pasar algo gordo, un hecho que cambiará el mundo. El mando me supervisa y se asegura de que no hay nada en mi atuendo que se haya fabricado en el siglo XXI. Me destinan a la torreta de un M-8, un blindado de la Segunda Guerra Mundial. Y es subirte en la torreta, a los mandos del cañón, y te asaltan unas ganas inexplicables de liberar París. Tranquilidad, en este año de 1944 me darán el Pulitzer.

Atardece en el monte coruñés de San Pedro. A lo que estamos: amanece en la costa de Normandía. Antes del desembarco propiamente dicho hay preparada otra recreación: la toma del Nido del Águila en los Álpes Bávaros. No queda a mano, pero el monte de San Pedro, con sus baterías auditando el Atlántico, puede ser lo que uno quiera que sea. La toma del Nido del Águila es un paseo. Hay tiros, humo, bajas, rugen las entrañas de los blindados. Los muchachos se entregan a la misión y le arrancan la victoria al enemigo, que claudica. Llevamos cuatro Jeeps, un Dodge, tres motos alemanas con sidecar, el M-8 y un semioruga. Parque móvil suficiente para recuperar Europa.

Y ya nos vamos a Normandía. Los alemanes ni se imaginan la que se les viene encima. El Atlántico está sereno y se presenta ante la vista como una paellera abisal. El general alemán, que es alemán, ve pobres las defensas y pide que se refuercen. No las tiene todas consigo. Los centinelas patrullan. Nada hace prever un ataque masivo y brutal salido de las entrañas mismas del océano Atlántico. Una sirena, un disparo. Ya están aquí. Desde Illinois, desde Arkansas, desde Kentucky… los muchachos suben la colina para liberar el continente. Veo a Smith, a Tylor, veo a Harris dejándose el aliento para liberar a Europa. La reconquista no ha hecho más que empezar. Sus madres estarían orgullosas.

Valor y emoción
Los aliados escalan la costa de Normandía como jabatos con piolet. El enemigo abre fuego sin contemplaciones. Al frente tienen ya un cañón 38,1 que defiende la costa, un artefacto capaz de hacer blanco a 38 kilómetros de distancia. Como suele ocurrir en las guerras, el general enemigo es el primero en ponerse a cubierto.
«¡Granadeeeeen!», grita un soldado de Hannover justo antes de que una detonación sorda deje a un par de alemanas viudas, su mujer incluida. Los muchachos avanzan y se produce el inevitable cuerpo a cuerpo, la lucha desesperada. O tú o yo. Y serás tú. Los aliados dinamitan la defensa y ya, por fin, celebran la victoria.
Los generales Patton y Leclerc aparecen en un Cadillac del 41 y pasan revista a las tropas y las bendicen por la acción. Y se acaba así una recreación tan auténtica que durante algo más de una hora uno se olvida de que el mundo del año 2011 ya es otro, aunque las guerras sean parecidas.
El presidente de los Royal Green Jackets, Manuel Arenas, destaca la labor de difusión histórico-cultural que realiza esta entidad. «Nuestra idea -dice- es difundir las épocas, medieval, templaria, napoleónica, la Segunda Guerra Mundial y toda la historia de Galicia y España».
Además, aprovechando la recreación de ayer se rodaron secuencias para un documental que se está haciendo sobre Cariño López, que bien podría ser el soldado Ryan gallego.