106. Cuando cualquier capricho es urgencia

por Nacho Mirás Fole

El otro día me regaló Inma Rodríguez, lectora de este blog, una frase de un amigo suyo que pasó por algo parecido a lo mío, que lo superó y que tuvo todavía el coco suficiente para resumir la esencia de esta emergencia sanitaria con una cita que suscribo por completo: “Uno descubre ahora que cualquier capricho se vuelve urgencia”. ¡Es justo eso! Y más cosas, pero eso desde luego. Y como el lobo sigue enseñándome las orejas, la urgencia de mis caprichos sigue siendo absoluta. Que tampoco son nada del otro jueves. Lo que sí se presenta lejano es, sin embargo, el jueves mismo, la semana que viene. El tiempo es un objetivo a largo plazo para los que pegamos barrigazos en la liga de las enfermedades graves.

El sábado tuve que ir al hospital sin estar citado, y con eso no  contaba. Una especie de sarpullido en la zona baja de la espalda, exactamente donde la espalda pasa a llamarse culo, se me empezó a extender de manera extraña. Estoy muy avisado del peligro de las infecciones, que cualquier porquería, cualquier aguijón mal clavado, me puede expulsar del terreno de juego antes que el cáncer mismo -no está descartado que me picara algo mientras dormía-. Por eso me fui corriendo con mi acné raro en el trasero para mostrárselo a los médicos de guardia en posición decúbito prono, que es justo la media vuelta del decúbito supino.

No tuve que esperar mucho antes de que me recetaran antibióticos orales y en pomada para diez días. Confío en no confundirme y acabar untando la pomada en la tostada del desayuno y hacer sabe Dios qué con las pastillas. Me di cuenta en Urgencias de lo mucho que agiliza la espera que en la sala de clasificación escriban dos palabras que son todo un salvoconducto: “Paciente oncológico”. Que te atiendan rápido, en cualquier caso, no compensa el precio que pagas, esta vida en el alambre. Si como decía el amigo de Inma al arrancar este capítulo cualquier capricho se vuelve urgencia,  qué no será cualquier grano en el culo, cualquier infección bacteriana o picadura de insecto venenoso que te puede enterrar antes que el propio tumor.

No sé por España adelante, pero lo de la bichería en Galicia este año es como para acojonarse. Mosquitos rabiosos, avispas asiáticas… En el jardín de mi casa de Vigo, hoy mismo, mi padre trata de contener una invasión de babosas que amenazaban con comerse un muestrario vegetal urbano que incluye camelias, azaleas, calas, margaritas, una buganvilla trepadora, un manzano injertado y hasta un naranjo chino traído de la feria de Padrón. No os perdáis el sistema Mirás de control de plagas: A raíz de un reportaje sobre los peligros de la avispa asiática, mi padre leyó en el periódico que una buena manera de atrapar al molesto insecto era colocar bien visible algún recipiente con algún líquido dulce. Pero el primer experimento fue un fracaso: en casa trabajamos el género light del mundialmente famoso refresco de Atlanta y las avispas asiáticas no le hicieron ni puto caso a la tentación descafeinada. “Claro -pensó mi viejo- igual no las atrae porque le falta dulce”. Inmediatamente le cascó al brebaje un par de cucharadas soperas de azúcar y lo dejó en una fiambrera abierta en medio de la plantación durante toda la noche. Al día siguiente, aquel bálsamo de Fierabrás era un tanatorio de babosas. ¡Hasta cuarenta llegó a contar! Arriesgándose a que lo acusen de un delito de lesa babosidad, de crímenes horrorosos contra la babosidad mundial, mi padre sigue ahogando moluscos gasterópodos en un Tupperware trampa que tiene instalado en el jardín. ¡Qué digo uno! ¡Ahora ya son dos, que hay que cubrir los flancos! En la última fase de la guerra química ha cambiado la Coca light con azúcar por zumo de piña y los resultados son igual de sorprendentes: la matanza babosa de Texas. Lástima que con semejante cantidad de cadáveres no se pueda hacer una empanada.

Quitando el inconveniente del sarpullido misterioso y el festival de antibióticos, estoy muy contento con la aceptación que, de entrada, está teniendo la conversión al papel de http://www.rabudo.com a libro de la mano de Ediciones Paidós (Grupo Planeta). Quizás tengamos que apretarnos para la presentación de El mejor peor momento de mi vida el próximo jueves 18 a las 19.30 en el Hostal de los Reyes Católicos. Pero si algo le viene bien a un acto de este tipo, si algo le viene bien a este tipo, es desde luego un baño de humanidad. Todos sois bienvenidos, lo mismo que cuando repita en la Casa do Libro de Vigo el día 25.

Parece mentira que, después de casi un año desnudando aquí mi cáncer y radiándolo a todo el que lo quiera sintonizar, todavía me dé un poco de pudor escuchar algunas cosas. Gracias a los que habéis participado en el vídeo de promoción del libro, que ojalá fuese un sainete ligero protagonizado por fulanos imaginarios y no la narración verdadera de la realidad en la que vivo instalado desde aquel 6 de octubre del año pasado. Gracias, Goldi; gracias, Carmen; gracias, Elisa; gracias, Minia; gracias, Sabela… Menos cheques, el día 18 voy a firmar hasta que se me duerma la mano o nos echen del parador, lo que ocurra antes. Prometido. Dentro vídeo; meigas fóra.