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"El amor es algo muy resistente, se necesitan dos personas para acabar con él" José Luis Alvite

104. Bola extra: La niña Shakira y la vaca Chenoa

Añado un nuevo post que no tiene nada que ver con el anterior pero que os regalo como bola extra. Esta tarde paseaba yo por un centro comercial de Santiago con mis hijos. Fuimos al cine a ver «Cómo entrenar a tu dragón 2», que me gustó sin entusiasmarme (demasiado rollo bélico y de monarquías hereditarias ñoñas para mi gusto), pero que se vino arriba cuando escuché que cantaba Jonsi y que tocaban la gaita nada menos que los Red Hot Chili Peppers.

Pasada la película, salimos y presencié impresionado cómo una madre modelna le llamaba la atención a su hijita: «¡Shakira, no te lo vuelvo a repetir!». Y Shakira… ni puto caso, que para eso le va la rebeldía en el nombre. Que tiemble el santoral. ¡PorquestoesÁfricá! En diálogo tuitero con Joan Rabat (@joanrabat), que me sigue desde Cataluña y ya es uno de los indispensables, le expliqué que, hasta donde yo sé, lo de los nombres de las personas en Galicia no tiene, ni por asomo, el interés onomástico de la cabaña bovina: Hasta 221 vacas con el nombre Chenoa se contabilizaban en el registro ganadero patrio en el año 2005. Lo conté en diciembre de aquel año en La Voz de Galicia y lo recupero para amenizar un poco el anochecer del miércoles, el amanecer del jueves -porque al que madruga no le ayuda ni Dios- y quitarle hierro a otros debates más sesudos. La liebre la levantó el autor del blog O Ollo da Vaca, a quien le reitero las gracias nueve años después. No sé si seguirá siendo Paloma el nombre más común de las vacas gallegas; que alguien tome el testigo y lo compruebe, que yo no tengo el chisme para ruidos. Ahí va. Os lo advierto: vais a flipar.

Paloma es el nombre más frecuente de las vacas gallegas

Algunos tradicionales como «Linda» o «Pinta» dejan sitio a otros como «Chenoa» o «Letizia»
El registro del Servizo de Producións Gandeiras recoge 600.000 fichas

Nacho Mirás. La Voz de Galicia, 17 de diciembre de 2005

Si uno va caminando por una corredoira y, de repente, escucha: «¡Paaaasa, Chenooooa!», no necesariamente tiene que haberse cruzado en su camino una estrella de la canción. Nada más lejos. La Chenoa del prado puede ser una de las 221 vacas lecheras con ese nombre que pastan por Galicia, según la base de datos de Control Leiteiro propiedad del Servizo del Producións Gandeiras (Consellería de Medio Rural).

En los últimos días, la recopilación de los nombres de las vacas de Galicia, realizada por el autor del blog O Ollo da Vaca (http://oollodavaca.blogspot.com), ha corrido como la pólvora entre los internautas gallegos, que se han encontrado con que, a pesar de que las nuevas tendencias pegan fuerte, el nombre más utilizado por los ganaderos de Galicia para bautizar a sus reses es el de Paloma.

El Servizo de Producións Gandeiras confirma todos y cada uno de los datos contenidos en este recuento, hecho sobre un censo que recoge 600.000 nombres de reses dedicadas a la producción de leche.

De «Cachorra» a «Pichona»

Si la lista de nombres la encabeza Paloma, con 6.470 registros, a la zaga le anda Linda, con 5.850 entradas. Pinta (5.787), Blanca (5.345), Cuca (4.402) y Lucera (4.185) van a continuación, según un estadillo plagado, aunque en menor medida, de Marquesas, Lunas o Lúas, Perlas, Moras, Pastoras, Negras, Morenas, Parrulas o Monas. Muy socorridos son en el santoral ganadero de Galicia los nombres de Romera, Morita, Princesa, Estrella, Careta o Diana, lo mismo que Bonita, Nova, el sonoro Cachorra (2.055 vacas se llaman así), Pichona, Gallarda, Rula, Mimosa o Mariposa-Bolboreta.

El autor del recuento repara en un hecho curioso: las 221 vacas que, a partir del año 2002, llevan por nombre Chenoa. Pero no es eso lo que más le llama la atención, sino que «cando comezou a primeira edición de OT xa existían rexistradas aquí oito vacas con ese nome. Iso é ter visión de futuro».

«Nunca Máis»

La búsqueda concienzuda realizada por O Ollo da Vaca en el registro gallego arroja muchos más resultados. Por ejemplo, que 13 vacas lecheras se llaman Prestige y que seis de ellas nacieron entre noviembre del 2002 y febrero del 2003.

Mucho más inquietante es el caso de una res que, a pesar de haber llegado al mundo el 16 de octubre del 2002, se llama Nunca Máis. Para el autor del recuento, hay tres posibles explicaciones para un hecho semejante: «Unha, que teña mal o nacemento na base de datos; outra, que lle cambiaran o nome despois; e a terceira, que a vaca sexa de Rappel».

Rosalía, con 151 entradas, es otro nombre relativamente socorrido en la cabaña ganadera gallega, nada excesivamente extraño. Sí que lo son, sin embargo, otros mucho más exclusivos: En Galicia existe, al menos, una vaca Norma Duval y más de cincuenta a las que sus propietarios les pusieron un televisivo Suellen.

«Fragas», «Quintanas» y «Touriñas»

Los políticos no se libran: Once vacas se llaman Fraga, unas setenta Quintana, y veinte, Touriña. Pero también hay una Lenin y tres Trotski.

En el registro hay tanto que casi cualquier cosa que a uno se le ocurra ha sido utilizado como nombre de vaca. ¿Letizias? Pues 162, con su zeta y todo. Y siete Gayosas, cuatrocientas Piñeiras o las Jimena, Dinora y Norma directamente extraídas de Pasión de gavilanes a la explotación que Antonio García Neira tiene en Frades (A Coruña).

Entre otras muchas curiosidades, además de las 23 Galicias que dan leche, existen en el recuento nueve que son Galiza, con zeta. Del registro, que incluye novecientas Rebecas o una Aromática, llama la atención ya no una vaca, sino un ganadero que se dignó a registrar a una de sus reses con el sonoro nombre de Gilipollas. El autor del recuento sentencia: «¡Miña pobre…!».

Antonio García Neira: «Teño desde Amaral a Pantoja»

Antonio García Neira vive rodeado de famosas. Entre las 70 vacas lecheras que mantiene en su explotación de Abellá-Frades hay de todo. Por ejemplo, casi la plantilla femenina completa deOperación Triunfo , incluidas Chenoa y Trizia.

«O de Operación Triunfo botounos unha man -explica-; eu o que facía era poñerlles o nome do santo ou santa do día no que nacían, pero como son moitas, calquera sitio é bo para sacar ideas». «Hai compañeiros que usan nomes de países -continúa-, aínda que eu non teño ningunha. O que si teño son nomes como Katrina , Mercedes ou Natacha , pero tamén unha Amaral , unha Perpetua e unha Pantoja ».

Antonio cuenta que las vacas también tienen apellido, formado por el nombre del padre y un número de registro. Así, su Chenoa se llama Chenoa Thunder 116. Pero también hay otras dignas de vivir en Beberly Hills: Silvia Gibson o Jenny Marshall, sin ir más lejos, hija esta última de un semental canadiense.

Dentro vídeo: Jonsi -a quien escuché hace unos años en el Monte do Gozo- cantando para la peli Cómo entrenar a tu dragón 2. ¿Qué nombre le iría bien a un dragón? ¿San Jorge, por fastidiar? ¿Soplete? ¿Churrasking? Yo a un dragón le pondría de nombre… ¡Montoro! Buenas noches, Chenoas.

103. Sobre Ashya King, su tumor y el temor de sus padres.

A estas alturas de esta película de terror basada en hechos reales, después de una craneotomía pterional que duró siete horas, de treinta sesiones de radioterapia en acelerador lineal de partículas, otras 45 dosis simultáneas de química y seis ciclos más de citotóxicos para completar el fregado, en posición vertical y columpiándome a perpetuidad en el alambre del cáncer, pero vivo, quiero esta mañana nublada escribirle a los padres del pequeño Ashya King, compañero de tumor cerebral en la sección infantil y protagonista involuntario de uno de esos seriales periodísticos que aparecen todos los veranos. Como mi circunstancia me da más autoridad para opinar que algún tertuliano cabreado que he escuchado estos días, y como en mi blog mando yo, ahí va lo que tengo que decir.

Respeto la desesperación de unos padres que buscarían debajo de las piedras con tal de salvarle la vida al chaval. Los periodistas, instalados como estamos en esta incompatibilidad entre el rigor y la prisa, hemos intoxicado el caso aderezándolo con el azafrán amarillo de la religión. Y enseguida empezó la opinión pública a rasgarse las vestiduras con la posibilidad de que Ashya solo fuese una víctima de la superstición y la ingorancia de sus mayores. Después de masticar el asunto, de pensarlo -qué falta va haciendo que los obreros de la información inmediata recuperemos la vieja costumbre de contrastar, incluso solo de pensar- descubrimos que el caso King no tenía tanto que ver con el más allá y sus posibilidades como con el legítimo derecho de cualquier ser humano a una segunda opinión, a una alternativa. Hasta con su derecho a equivocarse. Los King no creen en que los fotones y la química de laboratorio que a mí me van dando resultado y minutos en el campo vayan a servir para que Ashya llegue a hacerse mayor. Alguien los asesoró sobre los beneficios de un tratamiento experimental con protones que se hace en la República Checa. Allá ellos, pero yo sigo vivo casi un año después sin haber viajado más allá del Hospital Clínico de Santiago; a Praga solo fuimos hace años con la caravana a hacer turismo.

Durante todo este tiempo dando barrigazos en la guerra del cáncer he recibido todo tipo de consejos sobre alternativas, potingues, oraciones… «Déjalo todo y bebe mucho zumo de limón», me han llegado a decir. Hostia: ¿Se lo creen de verdad o quieren matarme? Steve Jobs es mi disculpa: con su abandono de la terapia convencional y la fe ciega en las alternativas pseudo naturales -no son tales tampoco, que hay todo un tenderete comercial montado a su alrededor- no consiguió el padre del iPad prolongar su vida más allá de la de una batería de móvil viciada. Y no sería por pasta o por formación. Él apostó libremente al negro y salió rojo.

Yo, libremente, he depositado lo que me pueda quedar de fondo en la carrera de la vida en manos de la sanidad pública, de la oncología médica, la radioterapia, la farmacia… Así como no me molestan las recetas alternativas cuando llegan desde la buena fe, me cabrean los que están convencidos de que enfermedades como la mía y su tratamiento son el fruto de complots entre laboratorios, médicos y oscuros poderes económicos empeñados en matarnos de antemano para luego vendernos el antídoto. No me da la gana. Es cierto que el género humano es abominable a veces, pero la conspiranoia sistemática, sin pruebas, me pone del hígado. Vivir mata, eso sí que es un hecho incuestionable.

Yo sigo aquí de momento gracias a la medicina convencional, señores King. Si mi testimonio le sirve a los padres de Ashya para repensar el asunto, aquí lo tienen, por escrito. En cualquier caso, es mejor que hable quien sabe, una de las personas que más implicadas está en mantenerme de cuerpo presente en este mundo de locos: el jefe de Oncología Médica del Hospital Clínico Universitario de Santiago, Rafa López, mi oncólogo. Hoy lo entrevista en La Voz de Galicia mi compañera Elisa Álvarez. Así que yo cierro la boca. ¡Claro que noto los efectos tóxicos de un tratamiento que me estruja las entrañas! Pero sigo levantándome con mis hijos todas las mañanas y creo en los que dedican sus vidas a salvar a gente que no conocen de nada. Familia King: mucha suerte. Doctor López: muchas gracias.

Rafael López: «El tratamiento más eficaz es el de radio y quimioterapia»

Elisa Álvarez. La Voz de Galicia, 3 de septiembre

Rafael López es el jefe del servicio de oncología médica del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS). Su postura en toda la polémica sobre el arresto de los padres de un pequeño que se llevaron a su hijo de un hospital británico sin el consentimiento del centro es escéptica ante el comportamiento que han tenido los tutores del menor. Es decir, recela de que cualquier tratamiento alternativo en el que pudiesen pensar los progenitores sea más eficaz que los que actualmente se utilizan para abordar el tumor cerebral en los principales hospitales, la quimioterapia y la radioterapia.

Sobre la terapia con protones, una nueva técnica de radioterapia por la que en teoría los padres se llevaron al menor, Rafael López asegura que todavía hay muchas variables que no se conocen, y aunque no es un experto en ese tema, admite que se trata de un procedimiento que se está aplicando de forma experimental, que no está del todo desarrollado, dirigido únicamente a situaciones muy específicas y cuyos resultados -precisamente por esta fase incipiente aún de la tecnología-, se desconocen.

Además, sostiene el responsable de oncología del CHUS que el tratamiento más eficaz y contrastado para luchar contra el tumor cerebral es la radioterapia y la quimioterapia, que presenta además un porcentaje de curaciones elevadas. Uno de los motivos que argumentaron los padres del niño Ashya para sacar a su hijo del hospital es que la terapia con protones tiene menos efectos secundarios para el menor. Rafael López admite que efectivamente la quimioterapia es agresiva y tóxica «pero es lo que tenemos». Y añade que precisamente los niños se curan mucho mejor que los adultos con estos tratamientos. «Los tratamientos de oncología infantil son más eficaces que en la oncología de adultos», explica este profesional médico, quien lo achaca a que posiblemente los tumores sean más sensibles o a que los niños aguanten mejor los tratamientos que las personas mayores.

Suiza o Estados Unidos

La técnica que solicitaron los padres para el pequeño Ashya tras ser detenidos en Málaga se realiza en muy pocos países, como pueden ser Suiza o Estados Unidos, y es muy cara. Además, este tipo de radioterapia que utiliza un haz de protones no es eficaz en todos los casos, por lo que, incluso en el caso de que se admitiese esta opción para el menor, puede que no fuese adecuada para él.