88. Hoy hace 35 años ¡Y el Rey contraprogramando!

por Nacho Mirás Fole

La resaca de la abdicación de Juan Carlos Último -¿me estoy liando o es el subconsciente?- y otros fenómenos paranormales, como la dimisión de siete concejales del ayuntamiento en el que pago el IBI, el agua y la luz (Santiago de Compóntelascomopuedas), han dejado en un segundo plano otra celebración. Hoy, 3 de junio, hace exactamente 35 años que, convenientemente cubierta de pecados la libreta de Félix Rodríguez de la Fuente en la que anotaba mis faltas graves, hice la primera comunión. ¿Os acordáis de que, en Vigo al menos, los niños nos llamábamos “pecadentos” los unos a los otros a la que alguno se soltaba un taco? Pecadento tiene mucha más potencia como calificativo que pecador, dónde va a parar. Yo fui pecadento hasta el punto de que tuve que usar las guardas de la libreta para que me entrase completo el currículo del mal. ¡Y eso que evadí información!

El 3 de junio del año 2007 colgué un boceto de esto que reedito y tuneo a continuación en aquel http://www.rabudo.com que era un ventanuco por el que apenas entraban familiares, amigos y algún curioso que quizás buscaba porno y caía de rebote en mis vergüenzas puestas a serenar. Recupero gran parte del texto, reescribo algún pasaje y cambio el 28 por el 35 . Y pongo la foto, que es un todo un documento de época. Y después el vídeo, dedicado a los que por la razón que sea deciden cambiar de aires, nos entretienen los días y nos dan trabajo a los de la prensa. Como decía el enterrador: “Deus lle dea traballo a cada un no seu” (Dios le dé trabajo a cada uno en lo suyo).

Pecadento

Hoy hace 35 años de esta foto. Y, total, para nada porque, como decimos aquí, “non fixeron bo de min”. Lo único que queda de la escena es la vela historiada, guardada en un baúl del tiempo que tienen mis padres. Y también, es cierto, el crucifijo nacarado, una preciosidad de la época que hacía de antena en la retransmisión espiritual entre el niño y el infinito.

Ese día me regalaron mi primer coche teledirigido ¡sin cable!; también un reloj con la esfera azul al que había que darle cuerda dos veces al día; si te despistabas vivías atrasado. Me cayó también algo de pasta para la hucha; una cámara Instantmátic de Kodak que aún conservo; algunos juegos de mesa; el clásico puzzle que nunca monté pero sí montó mi hermano… No me acuerdo del resto.

La hostia me la dio don Jesús, el cura de San Pedro de Sárdoma, en una comunión a discreción celebrada en el comedor del colegio. Fui sin desayunar, que nos insistieron mucho en que los jugos gástricos podrían interactuar con la sagrada forma. Vamos, como la quimioterapia si no le metes antes el Ondansetrón. No nos desmayamos de casualidad.

Fue un sacramento comunitario, por aspersión. Leí sin confundirme en la misa y me sabía bastante bien los pecados y las obligaciones del buen cristiano que, durante todo el curso, había ido anotando en una libreta en cuya portada salía Félix Rodríguez de la Fuente amarrado en un pasodoble con una anaconda.

La cuchipanda la sirvieron Pepe Costas y Conchi Núñez en su restaurante, Casa Pepe de Juan, y no faltó de nada. Hay una foto muy simpática de la abuela Pura, la madre de mi padre, metiéndole un zarpazo con todos los dedos en la tarta, que tenía pisos como las de las bodas. Después que si le subía el azúcar… Hacía bien la vieja, que le quiten lo bailao.

Por lo demás, ya digo, poco queda de aquello. Ni siquiera ese flequillo vintage llamado “perrera” con el que nos peinaban a finales de los setenta. La chaqueta marinera y el pantalón de Tergal gris -cómo picaba ese pantalón- eran heredados de mi hermano; es lo malo de ser el segundo, que no estrenas ni los calzoncillos. Otros después de nosotros recibieron sus comuniones con el uniforme prestado y pecadento hasta casi la descomposición.

La cara de devoto que recoge la foto de Mary Quintero no diréis que no la tenía, con esa posición marcial de ¡Presenten velas! que casi parezco una cariátide confundida digitando para el Papa sobre una gaita de cera la Muiñeira de las siete palabras.

Creo que después de aquello sólo me confesé dos veces más y enseguida deserté de las filas de Dios Nuestro Señor. Mantuve, sin embargo, el contacto con los Salesianos, que son unos religiosos que me caen bien y que nos ponían películas de Bud Spencer y Terence Hill los fines de semana en el Colegio Hogar de San Roque. ¡Incluso fui Scout en el grupo 181-Salesianos Vigo! Listos, siempre listos.

No sé si 35 años después habrá prescrito el delito de haber tomado el camino de la izquierda o si, por el contrario, sigo siendo un pecadento que te cagas en busca y captura. El caso es que el recordatorio con su foto deja claro que yo, lo que es recibir a Jesús… lo recibí. Que Jesús se quedara ya es otro debate.  ¿No tengo un aire con Joselito, el pequeño ruiseñor? Era pecadento, era, pero tenía una buena pelambrera y el cáncer solo asomaba en el horóscopo de los nacidos el 4 de julio. En 1979 también pasaban todas estas cosas.

Acabo. El de ayer fue un día de esos en los que todos recordaremos qué carallo estábamos haciendo cuando don Juan Carlos hizo Borbón y cuenta nueva. Yo caminaba por la calle General Pardiñas de Santiago escuchando la radio, me crucé con Santiago Pemán, el hombre del tiempo de Galicia, y sentí la necesidad de hacerle partícipe de la Historia allí mismo:

-¡Qué buen día para abdicar, Santiago!

-¿Y eso?

-El Rey, que planta.

-Buf, a ver si no volvemos todos a los fusiles. Mira lo que pasa con Ucrania, cuando falte el gas y no tengamos agua caliente para ducharnos verás cómo sale la gente a la calle.

-No te molesto más, Santiago, que están las radios echando humo.

Ayer por la noche acabé el tercer ciclo de quimio; ya solo me quedan otros tres y reválida. De todos los tuits que se han escrito a propósito de la borbonada me quedo con éste de José Collado (@13_Jota): “Hemos conocido a tres papas, dos reyes, cuatro presidentes y a un solo presentador de Saber y Ganar“. La vida es como una caja de borbones; nunca sabes qué te va a tocar (este último, bastante facilón, es mío).

Dentro Sabina y Viceversa: Adiós, adiós.