70. Superhéroe achatarrado

por Nacho Mirás Fole

Todavía estoy resucitando después de la ingesta venenosa de ayer. Ya sabéis, el martes por la noche arrancaban los seis ciclos de quimio programados, con cinco días de medicación y 23 de descanso. Así lo ha diseñado mi oncólogo, que ayer por la mañana bendijo con un apretón de manos los resultados de la analítica. Que un oncólogo, que no tiene ningún interés en venderte un coche, te choque esos cinco siempre es una buena señal. “Tiene los linfocitos bajos, pero eso ya está contemplado en el tratamiento”, añadió antes de cargarme en la tarjeta sanitaria, de propina, un comprimido de Trimetoprima/Sulfametoxazol (160 mg/800 mg) que se vende con el nombre comercial Septrin Forte. Un antibiótico en esperanto, vaya. Carlos Blanco, amigo, igual ya lo tienes, pero con un monólogo sobre la industria farmacéutica y sus marcas registradas nos escarallamos todos y si nos morimos, al menos que sea de risa. Completé la jornada hospitalaria del martes -había pleno en oncología- con algo de papeleo y la sonrisa perenne del personal de Farmacia, que te droga por un lado y te anima en la misma receta. Son mis camellos del buen rollo.

Por la noche, acojonado como la primera vez, la andanada de Temodal, 300 miligramos todos para mí, fue un hostión de kriptonita por toda la escuadra. Ya no dormí bien, pero desperté peor. La ración doble de Ondansetrón bloqueó las náuseas de la toma a las 23.30, pero a las seis de la mañana no tenía muy claro si forrarme la cabeza con una bolsa del Gadis o intentar dormir directamente con la cabeza encajada en el váter. Perdonad la claridad de la imagen, pero en esta guerra, lo mismo que das, a veces recibes.

Por primera vez en todo el tratamiento me he sentido realmente mal. Influyó el error de dejarse la calefacción encendida por la noche, con el consecuente reseco de mucosas, atascamiento… Si le sumamos la contractura que llevo de serie, con inicio detrás de una oreja y remate en la cacha derecha, el resultado es un superhéroe caído por el que ni siquiera pagarían la ayuda del plan Pive. Una chatarra calva.

¡Tranquilos! Con las horas me ido viniendo arriba, he comido bien y ya solo me dan ganas de vomitar algunos titulares de los periódicos. He resucitado y en cuanto Patricia, mi fisio, me administre el antídoto digital, volveré a ser el mismo de anteayer y sacaré pecho para desfacer entuertos. Hoy voy con un minuto musical repetido, pero es que la realidad lo impone. Seguimos informando.