37. Ciclogénesis, saliva y polvos

por Nacho Mirás Fole

Mi amigo Julio, el sobrino de la tía Claudina, dice que, desde que soy un paciente oncológico, estiro los días hasta el punto de que es como si viviera en una jornada sola lo que darían de sí tres. Ese es el espíritu, Julio. Lo de hoy ha sido especialmente intenso, incluida una ciclogénesis explosiva en sesión de tarde con una baja: Sí, amigos, mi paraguas Jani Markel, mi Tizona china, se ha doblegado ante los elementos. Al margen de la desgracia paragüera no podía dejar de echar una mano, en el Día Mundial contra el Cáncer, a mis compañeros de los distintos medios de comunicación que contribuyen con sus informaciones a normalizar algo que todavía no es normal. Así que si levantáis la tapa de la olla de la sopa y aparece dentro mi cicatriz, pensad que es un tropezón puntual, un picatoste radiactivo. Perdón por las molestias, pero tocaba. Gracias a todos los que han pensado que podía aportar algo a una fecha tan especial para los que tenemos células salvajes que se empeñan en trascender por encima de nosotros mismos.

He cerrado la gira mediática de hoy con una entrevista en mi propia casa, en V Televisión, y no os  podéis ni imaginar la alegría que me llevé cuando mi compañera y amiga Fernanda Tabarés me recibió con un fuerte abrazo en el vestíbulo de la redacción central de La Voz de Galicia y me dijo: “Ven, que antes de nada vamos a echarte unos polvos”. ¿Así, sin bailar? Que los polvos fueran maquillaje para que no me brillase el cartón en plató era lo de menos. Qué frase, Fernanda. He estado tan a gusto hablando del cáncer en Vía V que, por un momento, casi me olvidé de que el cáncer era mío. El enlace al programa ya lo pongo mañana. Pero a Fernanda le prometí que hoy os daría las buenas noches con la versión que hicieron Los Suaves de las Palabras para Julia, de José Agustín Goytisolo, con las que rematé el post de ayer. Y yo soy un tipo de palabra, con polvos y sin ellos.

En cuanto al parte médico de hoy, todo muy bien. Los análisis de control, inmejorables, así que podemos seguir fumigando al enemigo sin contemplaciones. Hoy ya sé que la sequedad de boca y de garganta es un daño colateral de la freidora y no de la quimio, como pensaba, pero el oncólogo -que me estrechó la mano a la vista de los resultados de una analítica que no descartéis que sea mejor que la suya propia- me dijo que no me preocupara: “Existe incluso saliva artificial. A ver qué tal vas con la sequedad de mucosas la semana que viene y lo valoramos”. No tenía ni idea de que existiera saliva artificial. Pero ahora que lo sé se me ocurren de repente varios usos posibles, aunque ninguno es terapéutico.

De nuevo me han despachado en la farmacia del hospital de día la medicación para la próxima semana, mi cena de astronauta a razón de 150 miligramos de Temozolomida cada 24 horas. Y me han cocinado al punto una vez más en la churrería atómica del sótano -3, donde nunca me siento solo frente a los isótopos. Me retiro, que mañana hay un pequeño cambio de horario en el acelerador lineal. Maestro Yosi, te cedo la palabra. Palabras para Julia. Pensando en ti, como ahora pienso.