Un post del pasado. El Espuni

por Nacho Mirás Fole

Hoy, pensando en meteoritos y asteroides, me acordé de esta escena casera del año 2009 que me maravilló. Decía así:

El Espuni.

-“¡Abuelo, abuelo, háceme un espuni!”
-Vamos.
-“¡Háceme un espuni, háceme un espuni!”
-Venga, vamos al jardín.
Escucho la conversación entre mi hija y mi padre y tengo la impresión de no sintonizar su misma frecuencia, de haberme perdido algo. Ella le pide un “espuni” y él la comprende perfectamente. ¿Qué carallo es un “espuni”?
Salimos los tres al jardín y observo. Mi padre coge dos pinzas de madera, monta una sobre la otra, cuenta hacia atrás del diez al cero y, con una uña, dispara al aire la pinza de arriba, que sale propulsada hacia el cielo por su dedo pulgar.
-“¡Mira, Ane, ahí va, el Sputnik!”
Ane aplaude: “¡El espuni! ¡Va a llegar a las estrellas! ¡Va a llegar a la luna!”, dice mi hija.
El satélite vuelve a caer sobre la mesa del jardín, pero la cara de Ane es de absoluta emoción durante los dos segundos escasos que tarda el pequeño cohete de chopo en completar su vuelo y regresar a la tierra. Me quedo embobado mirándolos y me doy cuenta de que es un viaje privado, para ellos dos solos, una travesía a la que nadie más está invitado. Y entonces recuerdo que, una vez, hace más de 35 años, yo también fui un cosmonauta montado en una pinza de la ropa. ¡Apartaos, que ahí va el espuni!