El duque em…Palma…do

por Nacho Mirás Fole

De todas las realidades que en la prensa de hoy superan a la ficción, yo me voy a parar en una. Despacharé rápido la cagada de El País y su foto de un falso Hugo Chávez atacado de fontanería diciendo, únicamente, que aquí no se trata tanto de lo verdadera o falsa que sea una imagen que les han metido doblada. Aquí hablamos del derecho a la intimidad de un enfermo intubado que los gurús del “todo vale a la hora de estar informados” defienden para publicarla. Tuve pesadillas el día que vi a Franco en una situación semejante en Interviú. ¿Habría publicado El País una foto semejante si el protagonista hubiera sido Juan Carlos I o Mariano Rajoy? Pues entonces no hay más que hablar. Habéis intentado cruzar la línea roja y os ha salido el tiro por la culata. Os está bien empleado, por listos, pero tampoco hay que hacer más leña del asunto. A otra cosa.

La carta exculpatoria de la escritora Irene Zoe Alameda, diciendo que era ella la misteriosa Amy Martin -y que ni siquiera su ex marido, que le pagaba los artículos a precio de percebe de O Roncudo, lo sabía- es bochornosa y solo merece, si acaso, la risa. Vale, y la compasión y la vergüenza ajena, pero nada más, otra muestra del ejército de espabilados que nos toman por idiotas. Amy aparte, para mí, el notición de hoy, sin duda, es la firma sutil con la que Iñaki Urdangarín despedía alguno de sus correos electrónicos: “El duque em…Palma…do“. Vaya por delante que, sin los puntos entre palabras, “El duque empalmado” sería un buen titular para una película de Nacho Vidal, hora y media en la que el actor se tiraría a todo lo que se moviera en la corte utilizando como fondo, por ejemplo, el castillo de Vilasobroso. Y unas banderas a media asta amarradas a unos falos de acero inoxidable. Incluso, emulando a Torrente Ballester, le podríamos añadir lo de “Crónica del duque empalmado” y el resultado sería excitantemente pornográfico. Pero eso lo digo yo, que tengo la mente sucia. Pero ¿y si el duque no firmaba con ninguna intención sexual? ¿Y si somos nosotros los que lo malinterpretamos? Repasemos las acepciones que para el verbo “empalmar” recoge la Real Academia de la Lengua Española:

Empalmar.

(De empalomar).

[La aclaración tiene enjundia, porque el duque bien podría estar empalomado y, entonces, su infantil juego de palabras no habría tenido semejante alcance, porque nos da lo mismo que un duque esté empalomado. “El duque está empalomado, quién lo desempalomará? El desempalomador que lo desempalome… En fin]

1. tr. Juntar dos maderos, sogas, tubos u otras cosas, acoplándolas o entrelazándolas.

[Yo creo que no lo dijo con este sentido. Un duque que intenta juntar dos maderos, sogas o tubos no tiene mucho sentido, estaréis conmigo. Pasamos al a siguiente]

2. tr. Ligar o combinar planes, ideas, acciones, etc.

[Esta ya encaja mejor. Porque el tipo ligó en su día, combinó planes y, si algo era, o es, es un fulano de ideas y acciones, eso es indiscutible. Entonces lo que viene a decir con su rúbrica es “El duque que combina planes, ideas y acciones”. Suena valiente, pero poco creíble, sobre todo, por lo infantil de su juego de palabras, que nos lleva a una mente mucho más primaria.

3. tr. ant. herrar (‖ las caballerías o los bueyes).

[Ojo, antiguamente. Quedaría mejor si el duque “herrado” fuera sin hache. “El duque errado”. Sin duda, errado, pero mucho. No es el caso, aunque haya errado.

4. intr. Dicho de un medio de transporte, especialmente de un tren: Unirse o combinarse con otro.

[Que el duque empalmaba unas operaciones con otras, un euro con otro, es bastante obvio, podría valernos]

5. intr. Dicho de una cosa: Seguir o suceder a otra sin interrupción, como una conversación o una diversión tras otra.

[Similar a la anterior]

6. prnl. Llevar la navaja oculta en la manga y la palma de la mano, para acometer de improviso.

[Esta es, sin duda, y recogiendo únicamente lo que dice la RAE, la que parece más apropiada, visto lo visto: “El duque que lleva la navaja oculta en la magna manga y la palma de la mano para acometer de improviso”.

¿Iñaki, a qué te referías? Me decepcionaría mucho saber que el juego de palabras es fruto, únicamente, de un pensamiento incubado en los escrotos.  Seguro que tienes una explicación y como duque nuestro que eres, nos la vas a dar. Y si no la tienes, pídesela a la creadora de Amy Martin, que seguro que te la clava. Vaya… ¿he dicho “te la clava”? No era mi intención…